martes, 17 de julio de 2018

La realización de la igualdad efectiva entre las naciones y las nacionalidades es un triunfo de las ideas del internacionalismo proletario



Expresando los intereses cardinales de la clase obrera, las ideas y los principios del internacionalismo proletario ayudan a cumplir su misión y a lograr las metas de su lucha revolucionaria. Lenin subrayaba reiteradas veces el carácter práctico y activo del internacionalismo proletario y señalaba que sólo era auténticamente internacionalista el partido que no se limitaba a reconocer de palabra el internacionalismo, sino que se guiaba en su actividad y en su política por las ideas y los principios del internacionalismo. Precisamente así es el partido de Lenin.

«El Partido Bolchevique se organizó, creció y desarrolló como partido de internacionalistas proletarios auténticos. Es profundamente internacionalista por su ideología, tipo de organización y carácter de sus actividades» [1]. Su programa nacional, trazado y argumentado por Lenin ya en los años prerrevolucionarios, expresaba concretamente la teoría y la política del internacionalismo proletario aplicado a las condiciones de la lucha de clase del proletariado en la multinacional Rusia contra la autocracia zarista y el imperialismo.

El internacionalismo consecuente de la política del Partido Comunista leninista fue una de las condiciones principales de la exitosa preparación y realización de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Conquistada su victoria, el Poder de los Soviets, dirigido por el Partido Comunista, comenzó a aplicar con espíritu consecuente y por doquier las ideas y los principios del internacionalismo proletario. La aplicación de estos principios en las condiciones concretas del joven Estado socialista multinacional, en el que habían reinado en un pasado reciente la opresión y la desigualdad nacionales, era una empresa muy compleja y difícil. La historia jamás había visto semejante ejemplo.

A fin de aplicar con éxito las ideas y los principios del internacionalismo proletario era preciso, en primer lugar, disponer de una teoría marxista científica del internacionalismo proletario, que explicase acertadamente la esencia del mismo, las ideas fundamentales y los principios y criterios básicos en las distintas condiciones históricas de la lucha revolucionaria del proletariado. En segundo lugar, aplicar correctamente los principios generales del internacionalismo proletario en la política nacional del Partido Comunista en las condiciones de la dictadura del proletariado. En tercer lugar, estudiar a fondo todos los aspectos de la composición nacional de la población, las condiciones socioeconómicas y políticas y el nivel de desarrollo de los pueblos, sus principales peculiaridades nacionales y tener bien en cuenta estas condiciones y peculiaridades en la política nacional.

La acertada y completa solución del problema nacional y la encarnación de los principios del internacionalismo en las relaciones entre las naciones y nacionalidades del país sólo era posible sobre la base del socialismo. Sin las mencionadas premisas teóricas, ideológicas y políticas no hubiera sido posible la solución de este complejo problema. El Partido Comunista, bajo la dirección personal de Lenin, creó todas esas premisas.

Uno de los principios más importantes del internacionalismo proletario es, como hemos señalado ya, el reconocimiento incondicional de la igualdad de todas las naciones, de todos los pueblos y de todas las razas. El planteamiento democrático-burgués del problema de la igualdad de las naciones pasa por alto la cuestión de las garantías, del ejercicio efectivo de la igualdad de las naciones. Como subrayaba reiteradas veces Lenin, a la democracia burguesa, por su naturaleza misma, le es propio un modo abstracto o formal de plantear el problema de la igualdad nacional [2]. Es rasgo característico de la misma la indestructible ligazón con la ideología del nacionalismo burgués, del egoísmo burgués y de la exclusividad nacional.

La propia historia del capitalismo prueba que la verdadera igualdad de las naciones y razas es imposible sobre la base del régimen capitalista. Ya en la resolución del X Congreso del PC(b) de Rusia Las tareas inmediatas del partido en el problema nacional se hace constar: «La existencia del capitalismo sin opresión nacional es inconcebible, como es inconcebible la existencia del socialismo sin liberación de las naciones oprimidas, sin libertad nacional». [3]

El ejercicio en la URSS de la igualdad efectiva entre los pueblos es una gran realización del socialismo, una viva manifestación de la aplicación práctica del internacionalismo proletario.

El problema de lograr la igualdad efectiva de los pueblos ocupó el lugar central en la solución del problema nacional de la URSS. El ejercicio de esta igualdad tuvo una significación decisiva para la aplicación de las ideas y los principios del internacionalismo proletario en las relaciones entre los pueblos del País de los Soviets.

La política del PCUS enderezada a lograr la igualdad efectiva de los pueblos abarcó todas las esferas de la vida social: económica, política y cultural. Con la solución de este problema clave estuvo ligada inseparablemente la aplicación práctica de todos los demás principios e ideas del internacionalismo proletario: la colaboración fraternal y la ayuda mutua de los pueblos, el afianzamiento de su amistad y de la unidad internacionalista, etc.

Como resultado de la victoria de la Gran Revolución Socialista de Octubre, en Rusia se puso fin al multisecular sistema de opresión nacional y colonial de los numerosos pueblos no rusos. El Poder de los Soviets aplicó con sentido consecuente el programa nacional liberador, que preveía la autodeterminación de los pueblos, su igualdad y libertad.

La instauración del derecho de los pueblos a la autodeterminación hasta la completa separación para formar un Estado aparte vino a ser una brillante expresión del principio internacionalista de igualdad de todas las naciones y de todos los pueblos, del reconocimiento de su soberanía y libertad en la determinación de sus propios destinos. En relación con ello cabe decir que, aunque el derecho de las naciones a la autodeterminación, lo mismo que el principio de la igualdad de las naciones, haya sido proclamado por vez primera por la democracia burguesa, eso no puede servir de motivo para que se dividan los principios del internacionalismo proletario en principios democráticos y principios socialistas, como lo hacen ciertos autores. La ideología y la política del internacionalismo proletario (socialista) es única y monolítica, y todos sus principios poseen un mismo contenido socialista, de clase.

La liquidación de la opresión y la desigualdad nacionales y la instauración de la igualdad de todas las nacionalidades, refrendada en las leyes del Estado soviético fue un paso de excepcional importancia en el camino de la solución del problema nacional y de afirmación de la auténtica igualdad entre los pueblos. Pero muchos pueblos poco desarrollados a la sazón, que no disponían aún de suficientes medios materiales, cuadros, etc., no podían utilizar, en virtud de su atraso, en la misma medida que las naciones desarrolladas, los derechos que les diera el Poder de los Soviets. Este atraso significó un grave freno para la construcción del socialismo. En ello residían, en primer término, las dificultades objetivas con que tropezaba la aplicación práctica del principio internacionalista de la igualdad de todas las naciones y nacionalidades.

Se creó una situación en la que la igualdad de todas las naciones y nacionalidades proclamada y conquistada por la Revolución Socialista y el Poder de los Soviets no podía hacerse realidad durante cierto tiempo por muchos pueblos. De este modo se conservaba también la desigualdad efectiva entre los pueblos.   

¿En qué se expresaba, pues, esta desigualdad efectiva? En la existencia de diferencias esenciales en los tipos económicos, la estructura social y el carácter y nivel del desarrollo político y cultural de los pueblos de las repúblicas soviéticas. Toda la población de las repúblicas soviéticas en 1920 sumaba 140 millones de habitantes, incluidos 65 millones que no pertenecían a la nacionalidad rusa. Entre estos últimos, alrededor de 30 millones se hallaban en la fase de desarrollo precapitalista. En algunos se conservaban aún rasgos del régimen patriarcal-gentilicio, entre otros, el régimen semipatriarcal y semifeudal. [4]

Por el nivel de desarrollo, los pueblos de las repúblicas soviéticas independientes en los primeros años del Poder de los Soviets podían dividirse en los grupos siguientes:

1. Pueblos que habían alcanzado en el período presoviético la fase de desarrollo capitalista, eran ya naciones burguesas plenamente desarrolladas y poseían cuadros nacionales de la clase obrera y la intelectualidad, su cultura relativamente avanzada (prensa, literatura y arte). Cabe incluir en ese grupo [5]: los pueblos ruso, ucranio, bielorruso, georgiano, armenio, azerbaidzhano, moldavo, tártaro y algunos más. Entraba en ese grupo la mayoría absoluta de la población de las repúblicas soviéticas. Sin embargo, dentro de este grupo había grandes diferencias de nivel de desarrollo de las citadas naciones. Por ejemplo, una parte considerable del pueblo azerbaidzhano no se había incorporado aún al proceso de consolidación nacional. La nación moldava, por el nivel de su desarrollo, se rezagaba de la rusa, la ucrania y otras.

2. Pueblos que habían entrado por el camino del desarrollo capitalista, pero que conservaban aún fuertes restos de las relaciones feudales. En el período presoviético habían alcanzado nada más que la fase inicial de la formación de la nación. Podemos incluir en ese grupo a los uzbekos, los kazajos y algunos más.

3. Pueblos que antes de Octubre se hallaban en las fases de desarrollo feudal y feudal-patriarcal. Su consolidación como naciones comienza sólo en las condiciones de la historia contemporánea, en el curso y como resultado de la construcción del socialismo.   

4. El último grupo, poco numeroso (por su proporción en el total de la población de las repúblicas soviéticas) eran las tribus y las pequeñas nacionalidades, entre las que se conservaban las relaciones gentilicio-patriarcales. Figuran entre ellas los pequeños pueblos y tribus del Norte, del Lejano Oriente, de Siberia y algunos pueblos de los montes del Cáucaso y de Asia Central.

El Partido Comunista trazó, bajo la dirección personal de Lenin, un plan detallado de solución del complejo, difícil y multifacético problema de la liquidación de la desigualdad efectiva. Este plan, que preveía toda una serie de importantes medidas de carácter socioeconómico, político y cultural, halló su expresión concreta en los acuerdos de los X y XII congresos del PC(b) de Rusia.

En las condiciones de esa época histórica adquirían un papel decisivo en todo este conjunto de medidas las de orden sociopolítico aplicadas con vistas a superar el atraso político y a alcanzar la igualdad política de los pueblos.

Como se sabe, la sola proclamación legislativa, constitucional de la igualdad de las naciones, incluso bajo la dictadura del proletariado no significaba aún la aplicación de este principio por doquier, tanto en las esferas económica y cultural como política. Hay que tener presente que el atraso heredado del pasado de varios pueblos no se refería sólo al desarrollo económico y cultural de los mismos, sino también a su desarrollo político. El criterio para que se reconozca el ejercicio auténtico del principio de la igualdad de los pueblos en la vida sociopolítica es la existencia de posibilidades reales para utilizar (y la utilización efectiva) todos los derechos y deberes que les brinda el régimen soviético. Y muchos pueblos atrasados no tenían esas posibilidades. Aún distinguían a las masas trabajadoras de estos pueblos el bajo nivel de la conciencia política, el deficiente desarrollo de la conciencia de clase, la fuerte influencia de la ideología reaccionaria de las clases explotadoras, de la religión, etc.

El partido halló las vías y los medios de resolver este complejo problema. Los mejores medios e instrumentos de superación del atraso político de los trabajadores de los pueblos atrasados en el pasado, de elevación de su conciencia de clase y de su incorporación a la construcción del socialismo pasaron a ser la forma soviética de organización de la sociedad y la organización de Estados nacionales. Los Soviets vinieron a ser, por su esencia, la forma internacional de organización política de la sociedad, que se adaptaba con relativa facilidad y rapidez a las condiciones concretas y las peculiaridades nacionales de todos los pueblos y se erigía en portavoz de los intereses y de la voluntad de las masas trabajadoras de estos pueblos.

El X Congreso del PC(b) de Rusia hizo constar en la mencionada resolución que para superar el atraso de los pueblos antes oprimidos era necesario ayudar a sus masas laboriosas «a) a desarrollar y afianzar su Estado soviético en las formas correspondientes a las condiciones nacionales de vida de estos pueblos; b) a desarrollar y afianzar en su idioma natal el sistema judicial, la administración, los órganos de gestión de la economía y de poder, integrados por hombres locales, conocedores de la vida y la sicología de la población local; c) a desarrollar en su país la prensa, la escuela, el teatro, los clubes y, en general, los establecimientos culturales en el idioma natal; d) a organizar y desarrollar una amplia red de cursillos y escuelas de instrucción general y de carácter técnico-profesional en el idioma natal... para acelerar la preparación de cuadros autóctonos de obreros calificados y de trabajadores de los Soviets y del partido en todos los dominios de la administración, ante todo, en la instrucción pública» [6].

En la superación del atraso político de las masas trabajadoras de los pueblos a la sazón poco desarrollados desempeñaron un papel primordial las medidas aplicadas por el partido y los Soviets con fines de organizar dichas masas para la lucha contra los elementos explotadores locales, para privar a estos últimos de los privilegios de clase, etc. El Partido Comunista buscó del modo más solícito y atrajo a sus filas y a la labor en los organismos de los Soviets a los elementos proletarios locales, preparó y formó cuadros nacionales para los organismos de los Soviets y del partido.

Precisamente merced a la aplicación consecuente de todas estas medidas se ha llegado a la igualdad política de los pueblos. Mientras para las naciones grandes y desarrolladas la expresión real de su igualdad política era la creación de repúblicas soviéticas independientes, agrupadas luego, sobre bases voluntarias y en pie de igualdad, para formar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, para las otras naciones y nacionalidades, la igualdad política efectiva se logró en el proceso de la edificación estatal nacional más o menos duradera. Nos referimos aquí a la formación y consolidación de las repúblicas, regiones y comarcas nacionales autónomas, la formación de cuadros nacionales de trabajadores de los organismos de los Soviets y del partido, el fomento de todos los medios y atributos del funcionamiento de los organismos locales del Poder soviético. La igualdad política de estas naciones y nacionalidades se expresaba en que cada una de ellas, en consonancia con sus propias peculiaridades y Condiciones de vida, determinaba la forma de organización de su Estado.

El principio de la igualdad de derechos de todos los pueblos, lo mismo que los otros principios del internacionalismo proletario, se encarnan en la federación y la autonomía soviéticas como forma de organización del Estado multinacional soviético [7]. Estos principios se aplican con sentido consecuente en todas las Constituciones de las repúblicas soviéticas y de toda la Unión Soviética.

Ya en abril de 1923, en el período de preparación de la primera Constitución de la URSS, el XII Congreso del PC(b) de Rusia, en la resolución sobre el problema nacional señaló que los órganos máximos de la Unión debían estructurarse de tal manera que reflejasen plenamente tanto las necesidades comunes de todas las nacionalidades de la Unión como las necesidades específicas de cada nacionalidad.

En la resolución del XII Congreso del partido se fijan varias medidas prácticas para asegurar, al crearse los organismos centrales de la Unión Soviética, la igualdad de derechos y deberes de cada república, tanto en sus relaciones recíprocas como en lo tocante a los organismos centrales del poder político de la Unión Soviética. Se prevé en ella la institución, en el sistema de organismos centrales de la Unión, de una representación especial de todas las repúblicas y regiones nacionales en pie de igualdad (en lo posible teniendo en cuenta las representaciones de todas las nacionalidades existentes en cada república); la estructuración de los organismos ejecutivos de la Unión sobre bases que aseguren la participación efectiva de representantes de las repúblicas y la satisfacción de las necesidades de todos los pueblos del país, etc.

Expresión concreta de la democracia socialista soviética, el principio de la igualdad nacional llevado a cabo en la esfera del desarrollo político y nacional-estatal tuvo excepcional significación en los esfuerzos para lograr la igualdad efectiva de los pueblos en los terrenos económico y cultural.

Sin embargo, no sería correcto deducir de lo dicho que primero se resuelve enteramente el problema de la igualdad efectiva de los pueblos en el terreno político y, luego, en el económico y cultural. La superación del atraso de varios pueblos y el logro de la igualdad efectiva con las demás naciones soviéticas constituyen un proceso único que abarca las esferas política, económica y cultural de la vida de los pueblos. Pero en estos procesos, como hemos señalado ya, la solución de los problemas políticos tuvo significación primordial.

Una de las tareas principales en el plan leninista de trabajos para lograr la igualdad efectiva de los pueblos era la liquidación del atraso económico y la creación y fomento de la industria moderna en las tierras de los pueblos poco desarrollados en aquella época.

En la resolución del X Congreso del PC(b) de Rusia se dice que «la tarea primordial es la liquidación consecuente de todos los restos de desigualdad nacional en todas las ramas de la vida social y económica y, en primer término, la creación planificada de la industria en las zonas periféricas mediante el traslado de las fábricas a las fuentes de materias primas (Turkestán, Bashkiria, Kirguizstán y Cáucaso: industrias textil, de la lana, de curtidos, etc.)» [8].

El traslado de empresas tuvo mucha importancia para el fomento de la industria en las comarcas atrasadas sólo en los primeros tiempos. En lo sucesivo, en dichas comarcas se desplegó una construcción en vasta escala de nuevas empresas industriales.

En el plan de fomento de la economía de los pueblos subdesarrollados a la sazón se preveían medidas concretas para organizar a los campesinos pobres locales, organizarlos en cooperativas, para llevar paulatinamente a las masas trabajadoras de las formas económicas atrasadas a otras superiores, de la vida nómada a la sedentaria y a la agricultura, de los oficios artesanos a los arteles, de la producción artesana a la fabril, de la pequeña agricultura individual al cultivo planificado en común de la tierra.

Al poner en práctica este plan, el Partido Comunista y el Gobierno soviético trasladaron un gran número de empresas industriales de las comarcas industriales del centro a las poco desarrolladas a la sazón zonas y repúblicas orientales. Miles de obreros calificados y especialistas se marcharon a estas zonas para ayudar a montar en los nuevos lugares estas empresas, para preparar cuadros locales de obreros y especialistas y para construir nuevas empresas industriales.

Era difícil y compleja la reorganización cardinal de las viejas y atrasadas formas de agricultura en muchas repúblicas orientales. Precedieron a la transformación socialista del agro en estas repúblicas el paso de la vida nómada y la ganadería primitiva a la vida sedentaria y al cultivo de la tierra, la reforma de tierras y aguas, etc.

Ni las medidas políticas, ni las económicas enderezadas a lograr la igualdad efectiva de las nacionalidades del país podían tener éxito si no se aplicaban a la par con las medidas de liquidación del atraso cultural de los pueblos. El Partido Comunista organizó la construcción de una extensa red de instituciones culturales, el fomento de la prensa y del teatro en los idiomas natales de los pueblos. Se crearon alfabetos para más de cuarenta pueblos, liquidándose el analfabetismo y elevándose el nivel cultural de la población. Se prestó mucha atención al desarrollo de la instrucción pública, a la creación de una tupida red de escuelas de enseñanza general, de centros de enseñanza superior, de diversos cursillos y escuelas profesionales y técnicas para formar cuadros calificados de obreros y especialistas, etc.

El plan leninista de liquidación de la desigualdad efectiva de los pueblos se llevó a la práctica en el proceso de la construcción del socialismo, de la industrialización del país, la colectivización de la economía agropecuaria y la revolución cultural. El propio proceso de construcción del socialismo transcurrió en medio de aguda lucha contra todas las clases explotadoras: la burguesía surgida en el período de la nueva política económica, los kulaks y los elementos feudales.

Una forma concreta de manifestación de esta lucha de clase fue la lucha contra el nacionalismo, que a la sazón revestía dos formas fundamentales: el chovinismo ruso y el nacionalismo local. El XII Congreso del partido asestó un golpe contundente a ambos tipos de nacionalismo, expresados en las dos desviaciones dentro del partido. En la lucha contra las desviaciones nacionalistas desempeñó un gran papel la IV Conferencia del CC del PC(b)R con los funcionarios responsables de las repúblicas y regiones nacionales en junio de 1923.

En el curso de la agrupación de los pueblos soviéticos para formar una familia fraternal única —la URSS—, hubo que superar no pocas dificultades relacionadas con el atraso económico y cultural, combatir los intentos de la contrarrevolución de aprovecharse de la herencia del encono nacional anterior, de valerse del nacionalismo burgués y del chovinismo, así como la resistencia que ofrecían las desviaciones nacionalistas dentro del partido.

La lucha intransigente del Partido Comunista contra el nacionalismo y el chovinismo, contra las desviaciones nacionalistas en el partido hasta la completa derrota ideológica, política y orgánica de éstas tuvo inmensa importancia para el éxito de la construcción del socialismo, para la solución del problema nacional y para lograr la igualdad efectiva de los pueblos.

Ya a mediados de los años 30, el régimen socialista en la URSS triunfó. Se resolvió en lo fundamental el problema de lograr la igualdad efectiva de los pueblos. Y el logro de la igualdad efectiva de los pueblos significó, al propio tiempo, la feliz solución del problema del desarrollo no capitalista de los pueblos subdesarrollados en el pasado [9]. Todos los pueblos que se hallaban antes en las fases precapitalistas de desarrollo social dieron un inmenso salto en su avance económico, político y cultural y alcanzaron a las naciones socialistas soviéticas de vanguardia. Esta experiencia confirmó en la práctica y, a la vez, enriqueció la teoría leninista del camino de desarrollo no capitalista de los pueblos antes atrasados hacia el socialismo.

Como se sabe, la condición decisiva para tal desarrollo es la ayuda a los pueblos por parte de la clase obrera de la nación avanzada que ha conquistado el poder político. En la labor de instauración de la igualdad efectiva de los pueblos del País de los Soviets desempeñó el papel primordial la ayuda universal y desinteresada de la clase obrera rusa, del pueblo ruso, así como de otras naciones desarrolladas, a los pueblos a la sazón subdesarrollados en la creación de su economía y cultura socialistas y su Estado nacional.

Al mismo tiempo ha desempeñado y sigue desempeñando un gran papel en la solución de todos los problemas cardinales de la construcción de la nueva sociedad, incluyendo la igualdad efectiva entre los pueblos de la Unión Soviética, la ayuda mutua entre los trabajadores de todas las nacionalidades del país bajo las más distintas formas, surgida ya en los primeros días del régimen soviético.

Como hemos dicho, un factor indispensable del desarrollo no capitalista de los pueblos antes atrasados hacia el socialismo es la ayuda por parte del proletariado de las naciones avanzadas, de vanguardia. Pero esto no merma en absoluto la inmensa importancia de los esfuerzos y el trabajo heroico de los propios pueblos para acabar con su anterior atraso.

La ayuda desinteresada de la clase obrera, del pueblo ruso y de otros pueblos desarrollados a los antes atrasados, que fue modelo de internacionalismo proletario, desempeñó un papel inapreciable en la superación de la desconfianza y las desavenencias entre los pueblos, en la inculcación del internacionalismo a los trabajadores de todos los pueblos del País de los Soviets.

Como resultado del feliz cumplimiento de los planes quinquenales postbélicos y de los éxitos logrados en el desarrollo económico, político y cultural, el País de los Soviets es ahora una sociedad socialista madura y ha iniciado un nuevo período de la construcción del comunismo.

En la Unión Soviética, el socialismo ha triunfado completa y definitivamente. Las naciones y las relaciones nacionales en la URSS han entrado en una nueva etapa de su desarrollo, que se distingue por el florecimiento en todos los aspectos de las naciones soviéticas, por su continua aproximación recíproca y el logro de la completa unidad. Como resultado de la victoria completa y definitiva del socialismo, el problema nacional, en el sentido y con el contenido con que surgió históricamente y persiste hoy día en el mundo capitalista, ha sido resuelto en la URSS definitivamente. Igualmente incuestionable cabe considerar también la solución del punto principal del problema nacional en el socialismo: la igualdad efectiva de los pueblos.

Ofrecen una prueba concreta de la feliz solución del problema nacional y de logro de la igualdad efectiva entre los pueblos del País de los Soviets los adelantos en el terreno del progreso político, económico y cultural durante los años de régimen soviético.

Todas las naciones y nacionalidades socialistas disponen de condiciones materiales reales y aseguradas de vida de la sociedad soviética y de iguales derechos a participar en todas las esferas de la vida sociopolítica del país y, en particular, en la edificación estatal. 58 naciones y nacionalidades soviéticas poseen su Estado nacional bajo las más distintas formas: 15 repúblicas soviéticas federadas soberanas, 20 repúblicas autónomas, 8 regiones autónomas y 10 comarcas nacionales [10].

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas es una auténtica familia fraterna de más de cien naciones y nacionalidades socialistas soviéticas libres e iguales en derechos. Todas ellas tienen también iguales deberes políticos. Sus representantes participan en todas las organizaciones socio-políticas del país: del partido, del Estado, de los sindicatos, del Komsomol, etc. El Partido Comunista de la Unión Soviética, partido gobernante de la URSS, dirigente y guía político del pueblo soviético, es la encarnación viva de las ideas del internacionalismo proletario, de la amistad y la fraternidad de pueblos iguales. Se agrupan en sus filas los representantes de vanguardia de todos los pueblos y nacionalidades de la URSS. La base económica material de la igualdad efectiva de todas las naciones y nacionalidades soviéticas es el modo de producción socialista, que domina indivisamente en toda la economía del país. Las realizaciones de la economía socialista de toda la URSS y de cada república y pueblo soviéticos en los años de Poder de los Soviets ofrecen una idea clara de los resultados de la liquidación de la desigualdad efectiva de los pueblos en el dominio de la economía. La producción global de la industria de la URSS y de cada república federada era en 1972 superior a la de 1913 en las siguientes proporciones:
en la URSS 105 veces    en Georgia 96 veces
en la RSFSR 106 veces    en Azerbaidzhán 38 veces
en Ucrania 69 veces    en Letonia 29 veces
en Bielorrusia 121 veces    en Kirguizia 227 veces
en Uzbekistán 47 veces    en Tadzhikistán 98 veces
en Kazajstán 170 veces    en Armenia 220 veces
en Lituania 94 veces    en Turkmenia 53 veces
en Moldavia 179 veces    en Estonia 40 veces
Es típica del progreso económico de las repúblicas soviéticas, de las naciones y nacionalidades socialistas la liquidación de todos los tipos económicos viejos, presocialistas y del desarrollo unilateral de la economía. Cada república posee su economía nacional diversificada y ligada a la economía de las demás repúblicas sobre la base de la división socialista del trabajo, de la especialización y la cooperación de la producción. La división socialista del trabajo entre las zonas económicas y repúblicas ofrece la base objetiva material que asegura la colaboración económica amistosa en pie de igualdad de todos los pueblos de la URSS. En el proceso de la construcción de la base material y técnica del comunismo se amplía y se afianza todavía más esta colaboración de los pueblos iguales [11].

Todas las repúblicas soviéticas poseen una economía diversificada. Tomemos, por ejemplo, el Uzbekistán, principal base algodonera de la URSS. En el pasado prerrevolucionario, en su territorio se cultivaba más que nada el algodonero, mientras que la industria estaba representada, en lo fundamental, por el tratamiento primario del algodón. En 1913, en el territorio de esta república no se producía siquiera una tonelada de acero, de laminados de hierro y acero, de carbón, de petróleo, de cemento, de fertilizantes minerales, y en 1972 la producción alcanzó: 405 mil toneladas de acero, 331 mil toneladas de laminados de hierro y acero, 3.750 mil toneladas de carbón, 1.712 mil toneladas de petróleo, 3.305 mil toneladas de cemento y 5.283 mil toneladas de fertilizantes minerales. En el territorio de la república, la producción de fluido eléctrico en 1913 fue de 3,3 millones de kWh, y en 1972, de 23.500 millones de kWh. La extracción de gas (que no se extraía en el territorio de la república antes del período soviético) llegó en 1972 a un total de 36.770 millones de metros cúbicos [12].

Todo eso prueba el enorme salto dado por los trabajadores de Uzbekistán en el progreso económico durante el régimen soviético. La industria de la república está representada ahora por más de cien ramas. Han sido creadas la metalurgia no ferrosa y la siderurgia, una gran industria de construcción de maquinaria, que fabrica tractores, casi todos los tipos de máquinas para el cuidado del algodonero y la recolección de algodón y otras máquinas agrícolas, equipos para las empresas de limpieza de algodón y fábricas de hilado y de tejeduría, motores Diesel, excavadoras, equipos químicos, de elevación y transporte, etc.

En tanto que la principal base algodonera del país, Uzbekistán suministra, además, otros productos agrícolas: capullos de seda, cáñamo de Bombay, pieles de caracul, uvas, frutas, frutas subtropicales, etc., etc.

Uzbekistán no es una excepción. Todas las repúblicas soviéticas pueden sentirse orgullosas de éxitos iguales o mayores en el fomento de su economía. Veamos otros dos ejemplos: Kirguizia y Bielorrusia. Recordemos que la producción global de la industria fue en 1972 en Kirguizia 227 veces superior a la de 1913, y la de Bielorrusia, 121 veces mayor. El crecimiento de los distintos tipos de producción está representado por las cifras siguientes:


Las cifras aducidas prueban con toda evidencia que, no sólo en Kirguizia, sino también en Bielorrusia, la industria ha dado un salto gigantesco en su desarrollo. La mayoría absoluta de ramas ha sido creada sólo en los años de régimen soviético. Antes de la revolución, en el territorio de Bielorrusia, la industria constaba principalmente de pequeñas empresas turberas, de acopio de madera y de producción de papel y cemento. Han sido creadas de nueva planta en la república la industria de máquinas-herramienta, automóviles, tractores, material radiotécnico, aparatos, etc. Ha adquirido gran impulso la producción de la industria ligera y de la alimentación. Se han logrado importantes éxitos en el fomento de la economía agropecuaria.

Kirguizia, que antes de la revolución era una atrasada periferia colonial de la Rusia zarista, es hoy una república industrial-agraria altamente desarrollada. Produce metales no ferrosos, extrae gas, petróleo y carbón, fabrica artículos de hormigón armado, máquinas-herramienta, aparatos, motores eléctricos, máquinas agrícolas, distintos productos alimenticios y artículos de la industria ligera. En la economía agropecuaria de la república están desarrolladas en gran escala la producción de algodón, la ganadería, sobre todo la cría de ovejas de vellón fino, así como la producción de remolacha azucarera y de tabaco.

Todas las repúblicas soviéticas, todos los pueblos de la URSS poseen su avanzada industria socialista y una agricultura socialista mecanizada y organizada en grandes haciendas. Todo ello prueba que en el País de los Soviets se ha logrado la igualdad efectiva de todos los pueblos en el dominio de su desarrollo económico.

Veamos ahora los adelantos de los pueblos soviéticos en el fomento de la cultura, que atestiguan su igualdad efectiva también en esta esfera. Nos detendremos primero en el progreso de la instrucción pública, importante índice del desarrollo cultural de los pueblos. Recordaremos que antes de la revolución, el analfabetismo se extendía a 3/4 de la población del país (sin contar los niños de edad preescolar). Los pueblos del Lejano Norte, de Asia Central y otras zonas periféricas del país eran completamente analfabetos. En los años de Poder de los Soviets, 40 pueblos obtuvieron por vez primera su propio alfabeto. Se acabó con el analfabetismo entre la población de todo el país.

Hoy día, en todas las repúblicas se ha pasado a la enseñanza general obligatoria de ocho grados para los niños de edad escolar. Todos los pueblos tienen su alfabeto. Se está concluyendo el paso a la enseñanza general de diez grados. Ha adquirido gran difusión la enseñanza superior y media especializada.

En el período de existencia del Poder soviético en el país se han formado 25.700.000 especialistas de todas las nacionalidades de la Unión Soviética.

Entre los alumnos de los centros de enseñanza superior y media especializada figuran representantes de todas las naciones y nacionalidades soviéticas, incluidas las menos numerosas.

Otros exponentes significativos del nivel de la cultura de uno u otro pueblo es el progreso de su literatura y arte, de su prensa y ciencia. El fructífero avance de la literatura y del arte se registran en todas las repúblicas, en decenas de idiomas de los pueblos soviéticos, en la viva diversidad de formas nacionales.

Al inaugurarse, en 1971, el V Congreso de los escritores de la URSS, la Unión de Escritores soviéticos contaba con 7.290 miembros pertenecientes a todas las nacionalidades del país. Los escritores soviéticos crean sus obras en 75 idiomas de los pueblos de la URSS. Hacen su aporte al fomento de la cultura de la sociedad socialista todos los pueblos del gran país, cohesionados por la unidad de designios y objetivos.

Todos los pueblos de la URSS participan también activamente en el desarrollo de la ciencia. En todas las repúblicas federadas existen academias de ciencias con numerosas instituciones de investigación científica dedicadas a todas las ramas de las ciencias sociales, técnicas y naturales.

¿Qué nos dicen estos hechos? Prueban que también en el dominio de la cultura se ha superado el atraso de numerosos pueblos. Todas las naciones y pueblos soviéticos han logrado la igualdad efectiva también en esta esfera, ha florecido la cultura de todos ellos, socialista por el contenido y nacional por la forma.

Así, en la Unión Soviética se ha acabado definitivamente con el antiguo atraso y la desigualdad efectiva. En la URSS no hay pueblos atrasados. El socialismo asegura a todos los pueblos de la URSS la igualdad efectiva en los aspectos político, económico y cultural.

El afianzamiento de la igualdad efectiva entre los pueblos no significa aún que hayan desaparecido todas las diferencias de nivel de su desarrollo económico y cultural. Todavía persisten ciertas diferencias en el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, la productividad del trabajo, la existencia de cuadros, etc. entre las repúblicas. Sin embargo, estas diferencias no afectan a los rasgos y peculiaridades cardinales y cualitativos que determinan su igualdad efectiva. Estas diferencias se superan mediante la política que aplica el partido para la continua igualación de los niveles de desarrollo económico y cultural de los pueblos. Se superarán definitivamente en el curso de la construcción del comunismo, al borrarse las diferencias socioeconómicas, culturales y de modo de vida entre la ciudad y el campo, al desaparecer las diferencias esenciales entre el trabajo intelectual y el manual y al lograrse la homogeneidad social de todas las naciones.

En el terreno del desarrollo económico, la igualdad efectiva significa la liquidación de todos los tipos económicos presocialistas, el surgimiento y la afirmación del modo de producción socialista y las relaciones de producción socialistas entre todos los pueblos del multinacional País de los Soviets. Ya no quedan ni huellas de tipos económicos presocialistas en la URSS.

En el terreno del desarrollo político, la igualdad efectiva no significa sólo la liquidación de todo el sistema de opresión nacional-colonial, de desigualdad de los pueblos, de enemistad y desconfianza entre ellos, sino también la aplicación práctica en todas las esferas de la vida social del principio de la igualdad política de las naciones, la creación de los Estados nacionales de los pueblos, el afianzamiento de la amistad fraternal, la colaboración y la ayuda mutua entre ellos. Encarna esta igualdad política el Estado multinacional soviético. Tampoco en este problema queda la menor huella de la antigua desigualdad de los pueblos.

En el terreno del desarrollo de la cultura de los pueblos soviéticos, la igualdad efectiva supone la superación del atraso cultural de los pueblos (el analfabetismo, la deficiente alfabetización, etc.) y la creación y fomento entre todos los pueblos soviéticos de la cultura socialista por el contenido y nacional por la forma. El gran progreso de la instrucción pública, el gigantesco crecimiento del número de centros de enseñanza superior e instituciones científicas, la formación de gran número de cuadros de la intelectualidad socialista, etc. vienen a ser testimonio concreto de que se ha logrado la igualdad efectiva de los pueblos de la Unión Soviética en el dominio de su desarrollo cultural.

«En la sociedad socialista —dice el Programa del PCUS— no sólo se ha asegurado la igualdad política de todas las naciones y se han creado Estados nacionales soviéticos, sino que se ha liquidado su desigualdad económica y cultural, heredada del viejo régimen. Apoyándose en la ayuda mutua fraternal, y en primer lugar en la ayuda del gran pueblo ruso, todas las repúblicas soviéticas nacionales han creado su propia industria moderna, sus propios cuadros nacionales de la clase obrera y de la intelectualidad y han desarrollado su cultura, nacional por la forma y socialista por el contenido» [15].

Tales son el contenido y la esencia del concepto de igualdad efectiva de los pueblos soviéticos. Al investigar en este sentido las diferencias que existen en los niveles de desarrollo económico y cultural de las naciones y nacionalidades de la Unión Soviética, cabe sacar la única conclusión de que estas diferencias revisten un carácter puramente cuantitativo, que no rebasa los límites de las peculiaridades cualitativas únicas para todas ellas y determinantes de la esencia y del nivel histórico del desarrollo de la economía, del régimen político y de la cultura de las naciones socialistas.

La afirmación de que la igualdad efectiva entre los pueblos de la URSS se ha logrado sólo en lo fundamental era justa en cuanto se refería a la época en que el país construyó el socialismo nada más que en lo fundamental. No es justa al aplicarse a la sociedad socialista desarrollada contemporánea. Los rasgos más importantes de esta sociedad son: el alto nivel de desarrollo de la economía socialista de toda la Unión Soviética, incluidas las economías nacionales de las repúblicas, que se desarrollan con arreglo a un plan federal único en beneficio de todo el país y de cada república; la identidad de la estructura social de toda la sociedad y de cada nación y nacionalidad integradas por la clase obrera, el campesinado koljosiano y la intelectualidad trabajadora; el desarrollo universal en indestructible unidad del Estado socialista de toda la Unión y del Estado nacional sobre la base de los principios del internacionalismo socialista; la participación activa de los trabajadores de todas las nacionalidades en el fomento de la ciencia, la técnica y la cultura; el afianzamiento de la ideología del marxismo-leninismo, del internacionalismo socialista y la amistad de los pueblos en todas las esferas de la vida social de la URSS.

Los rasgos y las peculiaridades fundamentales de la sociedad socialista desarrollada condicionan los criterios objetivos de la igualdad efectiva de los pueblos lograda en la URSS. Dichos criterios son: 1) la economía socialista altamente desarrollada única, cuyas partes integrantes e inseparables son la economía nacional de cada república, de cada nación y nacionalidad soviéticas; 2) el régimen político socialista único; 3) el afianzamiento y el desarrollo del tipo socialista de naciones y nacionalidades y el florecimiento general de éstas sobre la base de la colaboración fraternal, la ayuda mutua y la paulatina aproximación recíproca; 4) la estructura social de idéntico tipo de todas las naciones y nacionalidades; 5) la afirmación de la unidad social, ideológica y política de todas las naciones y nacionalidades, cuya viva expresión es la formación de una nueva comunidad humana —el pueblo soviético— y el triunfo de la ideología del internacionalismo socialista.

El planteamiento y el feliz logro de la igualdad efectiva de los pueblos ha sido la encarnación en la vida práctica y el enriquecimiento de una de las exigencias más importantes del internacionalismo proletario, el principio de igualdad de todas las naciones y nacionalidades.

A veces se hace la pregunta: ¿cabe hablar de igualdad efectiva de los pueblos si no se ha logrado aún la completa igualdad social? Pero, los conceptos «igualdad social» e «igualdad nacional» no son idénticos. Para lograr la igualdad efectiva de las naciones es preciso acabar con las relaciones antagónicas de clase (es decir, acabar con el régimen de explotación y las clases explotadoras capitalistas, los feudales, etc.) y afianzar sobre la base de las relaciones de producción socialistas la alianza de la clase obrera y el campesinado, la colaboración amistosa entre los trabajadores de todas las ramas de la producción socialista. Y para lograr la completa igualdad social es preciso superar las diferencias de clase, las diferencias esenciales entre la ciudad y el campo, entre el trabajo intelectual y el trabajo manual y hacer realidad el principio: «De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades», es decir, afianzar la fase superior de la formación comunista.

Tampoco se puede confundir el problema de la igualdad efectiva de las naciones con otro problema: el de asegurar iguales bienes materiales y culturales a los ciudadanos soviéticos de las distintas nacionalidades. La fase socialista de la formación comunista no asegura aún la completa igualdad en la satisfacción de las necesidades de los hombres; ésta sólo se logrará en la fase superior del comunismo. La igualdad efectiva de los pueblos lograda en la primera fase del comunismo es una premisa indispensable para llegar a la completa igualdad de todos los ciudadanos en cuanto al disfrute de los bienes materiales y espirituales.

En la Unión Soviética, a la par con las naciones socialistas existen las nacionalidades. ¿No es eso una prueba de la existencia de una desigualdad entre los pueblos de la URSS? A fin de mostrar que aquí no hay desigualdad alguna es necesario poner en claro la esencia del concepto de «nacionalidad», mostrar la diferencia entre ésta y la nación en la sociedad socialista.

La investigación y la definición científicas de lo que es una nacionalidad tienen mucha importancia para ver las perspectivas de desarrollo de las nacionalidades del Norte, del Lejano Oriente, de Daguestán y de otras comarcas del país. Son igualmente sustanciales para el continuo desarrollo y afirmación de los principios del internacionalismo socialista en las relaciones nacionales de la URSS, para la educación internacionalista de los trabajadores. En el período anterior a la Revolución de Octubre y en los primeros años de Poder de los Soviets, las nacionalidades se distinguían de las naciones por tener como base económica tipos económicos y relaciones precapitalistas, que influían en cierto grado en su desarrollo político y cultural. Las nacionalidades no poseían industria propia, como tampoco clase obrera propia, no tenían cultura nacional desarrollada ni intelectuales y cuadros de especialistas. Todo eso condicionó las vías y los medios especiales de incorporación de las masas trabajadoras de las nacionalidades a la construcción del socialismo y la aplicación de varias medidas preliminares.

Durante los años de régimen soviético, la parte predominante de las nacionalidades (ante todo las grandes) se consolidó para formar naciones socialistas. Pero no todas las nacionalidades se constituyeron en naciones. Al propio tiempo, de resultas de la victoria del socialismo, la naturaleza social de las mismas cambió cardinalmente hasta el punto de que no son ya las mismas que eran en el período de transición. Estas nacionalidades tienen ya por base la economía socialista y el régimen social socialista, gozan de todos los bienes materiales y espirituales de la sociedad socialista, por cuya razón son nacionalidades socialistas.

En el presente ya no existe la menor diferencia esencial entre las naciones y las nacionalidades soviéticas. Las nacionalidades son miembros iguales en derechos de la fraterna familia de la Unión Soviética y hacen su aporte a la construcción del comunismo. Sin embargo, puesto que las diferencias, aunque no esenciales, existen todavía entre las naciones y las nacionalidades, no se puede por menos de tenerlas en cuenta en la edificación económica y cultural, en la aplicación de la política nacional.

La esencia de estas diferencias se reduce a una serie de factores objetivos concatenados: la composición numérica de la población, el nivel de desarrollo de la economía y la cultura y las funciones del idioma. Todas las nacionalidades soviéticas existentes son poco numerosas. Es natural que las nacionalidades que constan de unas decenas de miles de personas (sin hablar ya de otras menos numerosas) poseen una esfera más reducida que las naciones para desarrollar una economía diversificada y formar cuadros nacionales de la clase obrera y especialistas para todas las ramas de la economía nacional. Los idiomas de las nacionalidades no están en condiciones de cumplir las funciones sociales que son propias de los idiomas de las naciones socialistas.

Claro es que las nacionalidades (incluidas las menos numerosas) pueden tener y tienen grandes figuras en las distintas esferas de la vida social. Y eso es comprensible: los ciudadanos soviéticos, independientemente de su pertenencia nacional, tienen acceso a todos los adelantos de la cultura y pueden manifestar todas sus aptitudes. Pero aquí se trata de otra cosa, de las posibilidades objetivas de desarrollo general de la economía y la cultura de la nacionalidad sobre su base nacional (territorio, idioma, cuadros, etc.).

Al examinarse estos procesos hay que tener en cuenta las condiciones básicas que ofrece el socialismo. La naturaleza del socialismo es de tal índole que contribuye al progreso universal de cada nación y nacionalidad, tanto más que la economía del País Soviético se desarrolla como un todo único, y las necesidades de cada nación y cada nacionalidad se cubren tanto a cuenta de su propia economía como a cuenta de la economía de toda la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La correcta conjugación de los intereses de todo el país con los intereses de cada nación y nacionalidad, la activa participación de los trabajadores de todas las nacionalidades en la construcción de la nueva vida y su comunidad internacionalista fortalecen la multinacional sociedad soviética y refuerzan los vínculos económicos y culturales entre las naciones y nacionalidades del país. Todo eso facilita y acelera la aproximación recíproca de las distintas nacionalidades y naciones.

De lo expuesto se desprende la conclusión de que la igualdad efectiva de las naciones lograda en la URSS no se restringe ni se merma en lo más mínimo por la existencia de las nacionalidades. Como hemos señalado ya, el socialismo asegura la afirmación de la igualdad efectiva entre todos los pueblos del País de los Soviets, tanto las naciones como las nacionalidades.

La encarnación del principio internacionalista de la igualdad de todas las razas, naciones y nacionalidades en la realidad soviética y el enriquecimiento de este principio van estrechamente unidos a dos tendencias fundamentales del desarrollo de las naciones y las relaciones nacionales: el florecimiento y la aproximación de las naciones y nacionalidades socialistas. Esta ley surgió sobre la base del socialismo, en el proceso y de resultas de la formación de las naciones de nuevo tipo, de tipo socialista. Estas naciones se distinguen cardinalmente de las naciones burguesas por su base económica, régimen político, estructura social, fisonomía espiritual, así como por sus objetivos y aspiraciones sociopolíticos.

La unidad de base económica y régimen político de las naciones socialistas, el papel rector de la clase obrera en ellas y la meta común —la construcción del comunismo—  determinan la comunidad de los intereses cardinales de las naciones, cuya expresión es la dominación de las ideas y los rasgos internacionalistas en su fisonomía espiritual.

Las naciones socialistas son una forma históricamente necesaria y natural del desarrollo social de la época del socialismo y del tránsito gradual al comunismo.

La experiencia de la construcción del socialismo en la URSS y otros países ha hecho patente que el régimen socialista es una poderosa fuente de renacimiento y desarrollo universal de las naciones, de florecimiento de su economía y cultura y de fortalecimiento de su Estado nacional. En el afán de aproximación recíproca de las naciones socialistas se expresa la naturaleza social del nuevo tipo de naciones, su base económica y régimen político únicos y la ideología común penetrada del espíritu de internacionalismo.

Las dos tendencias fundamentales del desarrollo de las naciones socialistas —el florecimiento y la aproximación recíproca— se hallan en interconexión y unidad dialécticas y se condicionan mutuamente. La aproximación de las naciones es un importante factor y fuente de florecimiento de las mismas, y el florecimiento de las naciones las lleva a su mayor aproximación recíproca. El florecimiento y la paulatina aproximación de las naciones es una ley del desarrollo de las naciones socialistas y de las relaciones nacionales entre ellas. La estrecha unidad, el florecimiento universal y la invariable aproximación de todas las naciones y nacionalidades del País de los Soviets vienen determinados por la naturaleza del régimen soviético y son una ley objetiva del desarrollo del socialismo. El florecimiento universal y la paulatina aproximación entre las naciones sólo son posibles cuando se logra la igualdad efectiva entre las naciones. Al par con ello, la acción de esta ley del florecimiento y la aproximación de las naciones condiciona el fortalecimiento de la igualdad efectiva de todas las naciones y nacionalidades socialistas soviéticas.

Aquí hay que tener en cuenta que el florecimiento de las naciones, es decir, el logro de un alto nivel de desarrollo universal de la vida material y espiritual de la nación y la transformación de estos adelantos en patrimonio de todos sus componentes sólo se refiere a las naciones socialistas y no es aplicable siquiera a las más desarrolladas naciones burguesas, con su división en clases antagónicas. Las clases trabajadoras y los grupos sociales, que constituyen la mayoría abrumadora de cualquier nación burguesa y son los auténticos artífices de todas las riquezas de ésta, están privados de dichas riquezas. En la sociedad capitalista, la burguesía utiliza el propio progreso de la ciencia y la técnica para explotar aún más a los obreros y a todos los trabajadores.

El auténtico florecimiento de las naciones se logra sólo sobre la base del socialismo, al resolverse con éxito el problema nacional e instaurarse la amistad y la colaboración fraternales entre las naciones. Importante condición y rasgo característico del florecimiento de las naciones es la ausencia de antagonismos sociales dentro de la nación. Otro rasgo característico del florecimiento de las naciones consiste en que éste se extiende a todas las naciones y nacionalidades soviéticas. En la sociedad socialista madura no hay pueblos atrasados.

El florecimiento de las naciones no es más que un aspecto del proceso único de su desarrollo. Otro aspecto de ese proceso es la aproximación entre las naciones. La esencia de la aproximación entre las naciones socialistas reside en que en todas las esferas de la vida social —económica, política y cultural—, en el proceso de su convivencia amistosa, colaboración y ayuda mutua se producen un intercambio de valores materiales y espirituales, la asimilación recíproca de la experiencia de vanguardia, de las tradiciones progresistas, de los nuevos rasgos de la vida, del modo de vida, de la fisonomía espiritual, etc. Todas las naciones y nacionalidades socialistas soviéticas se enriquecen recíprocamente y surgen entre ellas más y más rasgos comunes del carácter y de la fisonomía espiritual. La aproximación entre las naciones y nacionalidades soviéticas es una expresión típica del nuevo género de relaciones nacionales, arraigadas en la sociedad socialista.

Lenin aplicaba también al capitalismo el concepto de aproximación entre las naciones, refiriéndose a la destrucción de las barreras nacionales, del aislamiento nacional, y al desarrollo de toda clase de vínculos entre ellas en el proceso del desarrollo del capitalismo. Pero esta aproximación se efectúa, por lo común, mediante toda clase de violencia, de aplastamiento y opresión de las naciones y nacionalidades débiles y pequeñas por las naciones burguesas fuertes, mediante anexiones militares, etc.

La aproximación entre las naciones bajo el capitalismo implica necesariamente la existencia de la opresión nacional, la desigualdad entre las naciones y el antagonismo entre ellas. En cambio, la aproximación de las naciones en la sociedad socialista es expresión de su amistosa colaboración y de ayuda mutua en todas las esferas de la vida social. Lenin señalaba que los comunistas propugnaban la aproximación entro las naciones, pero sólo la aproximación democrática y voluntaria, y no mediante la violencia [16]. Esa aproximación de las naciones verdaderamente democrática y libre se produce sólo después de la victoria de la revolución socialista.

Es natural que la aproximación entre las naciones sea universal, más completa y extensiva a todas las esferas de la vida social sólo después de la victoria completa del socialismo. La base económica de la aproximación entre las naciones soviéticas consta de las relaciones de producción socialistas, del sistema económico socialista y de la división socialista del trabajo entre las repúblicas, las distintas zonas del País de los Soviets.

Por consiguiente, la igualdad de las naciones y nacionalidades soviéticas, instaurada en la sociedad socialista, viene condicionada por la acción de la ley objetiva del florecimiento y la aproximación de las naciones.

En plena consonancia con esta ley del desarrollo de las naciones socialistas se traza en el Programa del PCUS y los acuerdos de los XXIII y XXIV congresos del partido el rumbo hacia el continuo fomento general de la economía de todas las repúblicas soviéticas y de su cultura, hacia el fortalecimiento del multinacional Estado soviético, el perfeccionamiento de los Estados nacionales de los pueblos, el máximo fortalecimiento de la amistad entre ellos y la continua aproximación de los unos con los otros.

En el proceso de la construcción del comunismo y de su base material y técnica se crean condiciones objetivas cada vez más propicias para el continuo florecimiento de las naciones y su aproximación recíproca en todos los aspectos. «La construcción de la base material y técnica del comunismo conduce a una cohesión más estrecha todavía de los pueblos soviéticos. Cada vez es más intenso el intercambio de valores materiales y culturales entre las naciones y crece la aportación de cada república a la obra conjunta de la construcción del comunismo» [17].

La experiencia de la URSS prueba incontrovertiblemente que la feliz y definitiva solución del problema nacional, sobre todo la igualdad efectiva de todas las naciones soviéticas, es fruto de la completa victoria del socialismo y de la acertada política nacional marxista-leninista, basada en el conocimiento científico y la utilización de las leyes objetivas del desarrollo social.

El triunfo de los principios del internacionalismo socialista en la URSS es expresión de la victoria completa del socialismo y resultado de la acción de la ley objetiva de las relaciones nacionales —el florecimiento y la aproximación de las naciones socialistas—, engendrada por el socialismo.

*   *   *
Viva expresión de la unidad internacionalista y la igualdad efectiva de las naciones y nacionalidades socialistas es la formación del pueblo soviético, multinacional y unido. Como resultado de la completa y definitiva victoria del socialismo en la URSS, el pueblo soviético se erigió en verdadera encarnación de la unidad monolítica de todas las clases y grupos sociales, de todas las naciones y nacionalidades del País de los Soviets.

Una peculiaridad de la nueva comunidad histórica —del pueblo soviético— consiste en que ésta es una comunidad internacionalista de naciones y nacionalidades soviéticas. El pueblo soviético no es una comunidad étnica, una nación única. Es una unidad internacionalista de más de cien naciones y nacionalidades socialistas soviéticas soberanas, cada una de las cuales participa libre y voluntariamente en el gran proceso creador de construcción del comunismo.

La cohesión monolítica del pueblo soviético, condicionada por las particularidades del desarrollo del pueblo soviético, se debe a que éste posee una base económica única: el sistema económico socialista; un Estado Socialista Soviético único, de todo el pueblo, dirigido por el Partido Comunista; una estructura de clase única, que se distingue por la firme alianza de la clase obrera con el campesinado koljosiano, desempeñando el papel rector la clase obrera; una ideología única, que domina indivisamente, o sea, el marxismo-leninismo. Todos los soviéticos, pertenecientes a todas las clases y grupos sociales, a todas las nacionalidades, se plantean un mismo objetivo: la construcción del comunismo.

Rasgo distintivo de esta nueva comunidad histórica es la formación en los soviéticos de todas las nacionalidades de caracteres comunes de la fisonomía espiritual. En ello encuentra su expresión el que la formación de la nueva comunidad histórica guarda una relación indestructible con el proceso objetivo de la gradual aproximación recíproca de todas las naciones y nacionalidades soviéticas. Reviste la máxima importancia en la firmeza y unidad monolítica del pueblo soviético, en tanto que comunidad internacional el logro de la igualdad efectiva entre todas las naciones y nacionalidades soviéticas.

Una profunda característica de la esencia del pueblo soviético, como nueva comunidad histórica, surgida durante la construcción del socialismo, se da en el Informe del CC del PCUS al XXIV Congreso del partido: «En el trabajo conjunto, en la lucha por el socialismo y en los combates para defenderlo nacieron nuevas relaciones armónicas entre las clases y los grupos sociales, naciones y pueblos: relaciones de amistad y colaboración. Nuestras gentes están estrechamente unidas por la comunidad de la ideología marxista-leninista y de los elevados objetivos de la edificación de la sociedad comunista. El pueblo soviético multinacional patentiza esta unidad monolítica mediante su trabajo y la unánime aprobación de la política del Partido Comunista» [18].

En el proceso de la construcción del comunismo se hace todavía más fuerte la unidad monolítica del pueblo soviético, lo mismo que su base económica y política. Se fortalece y se afianza en todas las esferas de la vida social la igualdad efectiva entre todas las naciones y nacionalidades soviéticas, crece su homogeneidad social, progresan los rasgos comunes de su cultura, moral y modo de vida y se consolida la amistad entre ellas.

Al llevarse a cabo la construcción del comunismo en la URSS, las naciones socialistas se habrán desarrollado hasta convertirse en naciones comunistas, completamente homogéneas en el aspecto social, lo que hará todavía más fuerte su unidad internacionalista e igualdad.

La investigación del logro de la igualdad efectiva entre los pueblos de la URSS permite sacar las siguientes conclusiones:

1) el cumplimiento de esta importante tarea ha concretado y enriquecido el principio internacionalista de la igualdad de todas las naciones y nacionalidades. La experiencia soviética ha mostrado el contenido concreto y las vías que permiten lograr la auténtica y efectiva igualdad entre los pueblos;

2) la experiencia del trabajo para lograr la igualdad efectiva de los pueblos ha mostrado su vinculación orgánica e indestructible con la puesta en práctica de otros principios internacionalistas de la política nacional leninista: la conjugación de los intereses internacionales y nacionales de los pueblos; la amistad y la colaboración fraternales entre todos los pueblos; la ayuda desinteresada de las naciones más desarrolladas y fuertes a los pueblos atrasados en su desarrollo, oprimidos en el pasado, y la ayuda mutua general entre ellos;

3) la experiencia soviética ha mostrado que las grandes ideas y principios del internacionalismo proletario sólo pueden llevarse a la práctica sobre la base del socialismo y mediante la instauración de la igualdad efectiva entre los pueblos. El logro de la igualdad verdadera y efectiva entre todas las naciones y nacionalidades soviéticas es un triunfo de la ideología del internacionalismo proletario;

4) en el multinacional País Soviético ha tenido y sigue teniendo una significación decisiva en el logro de la igualdad efectiva de los pueblos, en la solución del problema nacional y en el continuo fomento de las relaciones nacionales socialistas precisamente la creación del Estado soviético multinacional único. Merced a la mancomunidad de todas las fuerzas y recursos del país, los soviéticos consiguieron superar en un breve plazo histórico el atraso económico y cultural heredado del zarismo y del capitalismo, realizar la industrialización del país, reorganizar sobre bases socialistas la economía agropecuaria, llevar a cabo la auténtica revolución cultural, construir el socialismo, convertir la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en una gran potencia altamente desarrollada y desplegar la construcción de la sociedad comunista.



Notas

[1] Tesis del CC del PCUS para el centenario del nacimiento de Vladimir Ilich Lenin, pág. 9.

[2] Véase V. I. Lenin, Esbozo inicial de las tesis sobre los problemas nacional y colonial, Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 41, pág. 162.

[3] El PCUS en las resoluciones..., ed. en ruso. Moscú, 1970, t. 2, págs. 248-249.

[4] Ibid., págs. 251-252.

[5] Mencionamos aquí nada más que los pueblos que entraron a formar las repúblicas soviéticas existentes en los años de 1920 a 1921.

[6] El PCUS en las resoluciones..., t. 2, pág. 252.

[7] Este problema se examina detalladamente en el capitulo VII.

[8] El PCUS en las resoluciones..., t. 2, pág. 253.

[9] Acerca del camino de desarrollo no capitalista de los pueblos atrasados hacia el socialismo véanse M. Dzhunúsov, Experiencia histórica de la construcción del socialismo en países antes atrasados, ed. en ruso, Moscú, 1958; P. Alámpiev, Liquidación de la desigualdad económica de los pueblos del Oriente Soviético y distribución socialista de la industria, ed. en ruso, Moscú, 1958; Del medioevo a las cumbres del progreso contemporáneo. Experiencia histórica del desarrollo de los pueblos de Asia Central y de Kazakstán a partir de las relaciones precapitalistas para llegar al socialismo, ed. en ruso, Moscú, 1965.

[10] La disparidad entre el número de naciones y nacionalidades soviéticas (58), que poseen su Estado nacional, y el número total de formaciones nacionales estatales (53) se debe a lo siguiente: 1) varias formaciones nacionales estatales son multinacionales. La República Socialista Soviética Autónoma de Daguestán es un Estado nacional de diez nacionalidades autóctonas; la República Socialista Soviética Autónoma de Kabardino-Balkaria, la República Socialista Soviética Autónoma de Checheno-Ingushetia, la Región Autónoma de Karacháevo-Circasia y la Comarca Nacional de los Janty-Mansíes son formaciones estatales de dos nacionalidades cada una; 2) algunas naciones y nacionalidades poseen dos y más formaciones nacionales estatales, como, por ejemplo, los osetios (la República Socialista Soviética Autónoma de Osetia del Norte, que forma parte de la RSFSR y la Región Autónoma de Osetia del Sur, que forma parte de la RSS de Georgia); los azerbaidzhanos (la RSS de Azerbaidzhán y dentro de ella la República Socialista Soviética Autónoma de Najicheván); los armenios (la RSS de Armenia y la Región Autónoma de Nagorni Karabaj en la RSS de Azerbaidzhán); los georgianos (la RSS de Georgia y la República Socialista Soviética Autónoma de Adzharia); los buriatos tienen tres formaciones nacionales estatales (la República Socialista Soviética Autónoma de Buriatia, la Comarca Nacional de los Buriatos de Aguínskoe y la Comarca Nacional de los Buriatos de Ust-Ordynski).

[11] Este problema se examina detalladamente en el capítulo VIII.

[12] Véase La economía de la URSS en 1922-1972, pág. 545.

[13] Véase La economía de la URSS en 1922-1972, pág. 632-633 y 532-533.

[14] En 1970.

[15] Programa del Partido Comunista de la Unión Soviética, ed. en ruso, Moscú, 1971, pág. 16.

[16] Véase V. I. Lenin, Sobre la caricatura del marxismo y el «economismo imperialista», Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 30, págs. 119, 120.

[17] Programa de Partido Comunista de la Unión Soviética, pág. 113.

[18] El XXIV Congreso del PCUS, Moscú, 1971, págs. 135-136.




Fuente: Teoría y práctica del internacionalismo proletario, Editorial Progreso, Moscú, 1975, pp. 143-173.




Digitalizado por M. I. Anufrikov para Partiynost

La responsabilidad internacional y nacional de la vanguardia


La fisonomía de los partidos marxistas-leninistas, como partidos de nuevo tipo, viene determinada en muchos aspectos por su profundo internacionalismo. El internacionalismo proletario refleja los procesos efectivos que se producen en la vida en el sentido del reforzamiento de la interconexión de la economía de distintos países, la interdependencia de los pueblos y sobre todo la lucha de los destacamentos nacionales de los trabajadores. El internacionalismo —el principal contenido de la ideología de la clase revolucionaria— se erige en arma cada vez más afilada de la lucha de clases.

Desde hace mucho tiempo el capital es una fuerza internacional, los procesos de integración capitalista incrementan la dominación de los grandes monopolios supranacionales en los países capitalistas. En estas condiciones, toda indeterminación respecto del internacionalismo o menosprecio de la significación que tienen las acciones conjuntas de los trabajadores de todos los países favorecen ineludiblemente el capital internacional.

Los monopolios internacionales, que estiman que su “patria” es cualquier rincón del globo terrestre en el que pueden sacar las mayores ganancias, fomentan el nacionalismo pese a todo. Lo necesita la burguesía para utilizar sus propios Estados en la competencia con otros monopolios multinacionales y, más que nada, para dividir a los trabajadores de distinta nacionalidad, para caldear el chovinismo y odio racial.

Al objeto de disimular la crisis del neocolonialismo y presentar como causa de sus dificultades la justa aspiración de los países emancipados a la igualdad en las relaciones económicas con las antiguas potencias coloniales, la burguesía hace lo que puede para agudizar la atmósfera de intolerancia respecto de los pueblos “de color”. Las fuerzas de la reacción se valen especialmente del nacionalismo para excitar la desconfianza y los prejuicios respecto de los países socialistas y socavar por dentro la unidad del movimiento internacional.

Los estrategas burgueses de la lucha contra el comunismo estiman incluso, como lo afirmaba la revista de la United States Information Agency, que “el nacionalismo es una fuerza más poderosa en el mundo moderno que la ideología” [1]. Ahora bien, el nacionalismo, bajo la forma que se presente, es una expresión de la ideología burguesa, lo mismo que el internacionalismo es la ideología de la clase obrera. Y el nacionalismo, que se inculca durante siglos en la conciencia de los pueblos, que afecta a los sentimientos naturales del amor del hombre a su tierra, a su idioma, a las tradiciones y costumbres de su pueblo, ha valido más de una vez a la burguesía de medio para lograr objetivos agresivos anexionistas y mantener su dominación de clase. Los éxitos de la lucha del internacionalismo contra la ideología y la práctica nacionalistas repercutirán más y más en el desarrollo del movimiento obrero y de liberación nacional. La reacción internacional multiplicará los intentos para dividir los principales torrentes revolucionarios de nuestra época y debilitarlos por dentro con empleo de todos los medios, más que nada con ayuda del nacionalismo. Tanto mayor es la significación del internacionalismo consecuente de los partidos marxistas-leninistas, llamados a marchar en la vanguardia de la lucha antiimperialista, la significación de la unidad de su responsabilidad nacional e internacional.

INTERNACIONALISMO CONTRA NACIONALISMO Y COSMOPOLITISMO

El nacionalismo burgués, al penetrar en el movimiento obrero, conlleva el peligro de deformación de los partidos obreros, de que pierdan todo espíritu revolucionario. Recordemos los trágicos años de la primera guerra mundial, cuando las masas trabajadoras de los distintos países, engañadas por las consignas “patrióticas”, emponzoñadas con el chovinismo, fueron lanzadas a la sangrienta matanza en aras de los intereses de “su” burguesía. Muchos líderes socialdemócratas, que poco antes de eso juraban su fidelidad al internacionalismo proletario, resultaron ser los más corrientes chovinistas que encubrían con frases socialistas su bochornosa traición. Sólo el partido leninista de Rusia y pequeños grupos internacionalistas de otros países mantenían en alto la bandera de la solidaridad proletaria, salvando el honor del movimiento obrero internacional y luchando activamente contra el socialchovinismo. Su internacionalismo sin compromiso confirmaba las palabras de Lenin, que había subrayado ya en ¿Qué hacer? que el movimiento socialdemócrata auténticamente revolucionario era “por su propia naturaleza, internacional” [2].

La Internacional Comunista surgió como agrupación de auténticos internacionalistas. En la plataforma de la Internacional Comunista adoptada en su I Congreso, se decía que la supeditación de los intereses nacionales a las tareas internacionales brindaría la posibilidad de “ayuda mutua por parte del proletariado de los distintos países, y sin el apoyo mutuo económico y de otra índole el proletariado no está en condiciones de construir la nueva sociedad”. La Internacional Comunista declaró que, en oposición a la Internacional socialpatriótica, “prestaría su apoyo a los pueblos explotados de las colonias en su lucha contra el imperialismo, a fin de contribuir al hundimiento definitivo del sistema del imperialismo mundial” [3].

A lo largo de toda la historia del movimiento comunista contemporáneo, tanto en el período de la Internacional Comunista como después del paso a nuevas formas de unidad internacional de los partidos comunistas, las verdaderas vanguardias marxistas-leninistas han sido siempre fieles al internacionalismo proletario, viendo en él la condición necesaria para los éxitos en la lucha tanto a escala nacional como a escala de todo el movimiento mundial.

Las ideas del internacionalismo proletario calaron hondo en la carne y la sangre del movimiento comunista internacional. Pero eso no quiere decir que así ha desaparecido el terreno para la penetración en sus filas del veneno del nacionalismo. Por cuanto la arena inmediata de actividad de cada partido es su propio país, puede surgir el terreno para una interpretación no dialéctica de la correlación entre las tareas nacionales y los objetivos internacionales.

En los países que tienen que resolver problemas de liberación nacional ha crecido rápidamente la conciencia nacional. Pero este proceso positivo puede crear también condiciones para la aparición de nacionalismo. El predominio o la gran proporción de la pequeña burguesía en la población caldea también el terreno para las concepciones nacionalistas. Además, no puede por menos de hacerse sentir de una manera u otra la constante presión de la ideología burguesa, que fomenta maliciosamente los prejuicios nacionales y denigra toda idea progresista calificándola de inadecuada a las condiciones específicas del país y el espíritu nacional del pueblo.

La doctrina marxista-leninista tiene un carácter universal, porque revela las leyes objetivas de significación mundial, y no local. La revista Party Life ridiculiza a los que tuviesen la ocurrencia de considerar que la ley de la gravitación universal es una ley inglesa, puesto que la descubrió el inglés Isaac Newton, y acusar a los sabios que se guían por esa ley de que se respaldan en una ley extranjera. “El Partido Comunista de la India rechaza el argumento de que el marxismo-leninismo es una corriente extranjera para la India. El marxismo-leninismo no es corriente extranjera para ningún país, para ningún pueblo.” [4] El Partido Comunista de la India parte de la teoría marxista-leninista, nacida de la síntesis científica de los fenómenos que se producen en la sociedad, la naturaleza y el pensamiento social, aplica esa teoría a las condiciones de la India, es decir, procede como “cualquier sabio que trata con leyes objetivas y descubrimientos básicos en su rama específica de la ciencia” [5].

Desde luego, no todos los que participan en el movimiento obrero y no quieren denunciarse como francamente nacionalistas repetirán el simple conjunto de procedimientos que les ofrece la ideología burguesa. En la época presente, cuando las ideas del internacionalismo adquieren una difusión cada vez mayor, las concepciones nacionalistas no suelen exponerse abiertamente, sino en forma disimulada. Por analogía con el hecho señalado por Lenin acerca de que los oportunistas están dispuestos a expresar sus criterios antimarxistas en términos del marxismo, se puede decir que los puntos de vista nacionalistas que penetran en el movimiento comunista van acompañados con frecuencia de juramentos de fidelidad al internacionalismo. Lenin subrayaba en la primavera de 1914 que era importante “rechazar todo nacionalismo, tanto el brutal, violento, reaccionario, como el más sutil, que pregona la igualdad de derechos de las naciones junto . . . con la división de la causa obrera, de las organizaciones obreras, del movimiento obrero por nacionalidades” [6].

Durante los decenios transcurridos desde entonces ha cambiado también el nacionalismo burdo y violento, pero se ha vuelto particularmente refinado el nacionalismo que no se presenta con la visera levantada, sino que se atavía con ropaje internacionalista. Tanto más difícil resulta conocer su verdadera esencia, tanto más difícil resulta la lucha contra él.

El maoísmo está penetrado de nacionalismo disimulado y abierto. “. . . El nacionalismo extremo y el chinocentrismo son la característica principal de las concepciones de Mao Tse-tung, lo mismo que la ideología y la política del maoísmo a lo largo de toda su existencia.[7] Los maoístas aíslan deliberadamente el pueblo chino del resto del mundo, separan con la “muralla china” a la clase obrera de China del movimiento obrero mundial, aplastan las minorías nacionales dentro del país y presentan pretensiones territoriales a otros países. Todo eso no es otra cosa que la continuación del chovinismo de gran potencia. “El reto más peligroso y fuerte del nacionalismo burgués al movimiento comunista internacional en la presente época —escribía N. K. Krishnan, figura dirigente del Partido Comunista de la India—, proviene del maoísmo.” [8]

Es sabido que Lenin, a la vez que consideraba que todo nacionalismo es burgués y ajeno a la ideología proletaria, llamaba a que se apoyara el contenido democrático general que puede adquirir el nacionalismo burgués de una nación oprimida en lucha contra sus opresores. Los maoístas tergiversaron esta tesis de Lenin. Inventaron dos nacionalismos: uno “progresista” y uno “reaccionario”. Consideran que es progresista el de los países en desarrollo. Precisamente en esa categoría de países comenzaron los maoístas a incluir a China. Reducen el concepto “país en desarrollo” tan sólo al nivel de la economía, mientras que, además del económico, posee un contenido sociopolítico. Al proclamar que la RPCh es un país “en desarrollo”, los maoístas proclaman “progresista” su nacionalismo. Se sabe que, en los países oprimidos, el nacionalismo es la base de la unidad en la lucha por la independencia. Y aquí tiene sentido progresista. Es una fuerza antiimperialista. Pero, una vez conquistada la libertad, cambia el papel del nacionalismo. Gus Hall escribe con tal motivo que los elementos reaccionarios se valen del nacionalismo para movilizar las masas con objeto de aplicar una política capitalista y neocolonialista. Y los elementos progresistas recurren a él para llamar a las masas a que apliquen una política de continuación de la lucha por la liberación nacional hasta lograr la independencia definitiva y el avance hacia el socialismo. Los intentos de inventar dos tipos de nacionalismo se hacen para sustituir el internacionalismo proletario con el “nacionalismo progresista”. “La invención de los “dos tipos de nacionalismo” abre la puerta para suplantar el internacionalismo proletario con el “nacionalismo progresista” y sirve para encubrir la penetración del nacionalismo burgués en la ideología de los partidos comunistas. El marxismo defiende el punto de vista de que la ideología del internacionalismo proletario debe ser la dominante y sustituir todas las demás concepciones y que no cabe inventar “excusas” para el nacionalismo burgués.” [9]

Pero los maoístas están en contra del internacionalismo proletario, y su llamado “nacionalismo progresista” no es otra cosa que un medio de dejarse las manos libres en la lucha por la hegemonía y las pretensiones nacionalistas a escala mundial.

La finalidad de las tendencias nacionalistas que penetran en el movimiento comunista, bajo cualquier forma, es, en última instancia, enfrentar los intereses nacionales con los internacionalistas, apartarse de la lucha común y eludir las acciones conjuntas con los partidos comunistas de otros países. Ahora bien, los líderes comunistas que se niegan a sostener la lucha internacionalista y que se orientan sólo hacia los problemas interiores volviéndole la espalda al movimiento comunista internacional debilitan a sus propios partidos, ya que los privan de la posibilidad de ser una fuerza de peso en la lucha contra el nacionalismo burgués.

El nacionalismo suele manifestarse en la excesiva exageración de las peculiaridades nacionales del país propio, en un ensalzamiento del gran pasado del pueblo propio, de su especial origen, lo que contrapone inevitablemente una nación a otras, destaca el principio nacional y merma el papel del principio clasista, partidario. Por ejemplo, se considera que la nación es poco menos que el único factor del progreso contemporáneo o “fuerza motriz en la fase presente de la civilización y en el futuro previsible”. El nacionalismo se manifiesta en la actitud no crítica ante las tradiciones, cuando a la par con las revolucionarias y democráticas se exaltan las tradiciones implantadas por las clases explotadoras. O se olvida que la tradición de por sí significa poco, que lo que tiene importancia es la finalidad que se plantea.

El marxismo-leninismo no contrapone lo nacional a lo internacional, sino que lo examina en su unidad, considerando que no se puede ser internacionalista consecuente si se hace caso omiso de las necesidades nacionales del pueblo propio y de las condiciones específicas en que uno tiene que librar la lucha. Al propio tiempo, los marxistas están convencidos de que no se puede ser patriota consecuente si se vuelve la espalda al resto del mundo, sin tener en cuenta las leyes generales del desarrollo social, sin interesarse por los grandes problemas globales de cuya solución depende la de ios nacionales.

Los comunistas luchan activamente tanto contra el nacionalismo como contra el nihilismo nacional, que también causa daño a la lucha de liberación.

El nihilismo nacional, propio de la seudoizquierda, se advierte con especial diafanidad en los trotskistas. J. Posadas, al hablar de sí mismo y de sus correligionarios, dice: “Nosotros somos marxistas, de nacionalidad marxista.” [10] Este desdén ostensivo por la nacionalidad de uno no es un error fortuito de expresión, sino que se desprende de la tesis de Trotski: “La inquebrantable seguridad de que la meta fundamental de clase... no se puede hacer realidad con los medios nacionales o dentro del marco de las fronteras nacionales es la esencia del internacionalismo revolucionario”. Partiendo de eso, como asevera el mismo Posadas, “no hay necesidad de tener en cuenta los intereses regionales” [11]. De ahí la conclusión inapelable de los trotskistas españoles, que declararon a mediados de los anos 6o:“Y se dirá: toda lucha dentro de las fronteras nacionales es reaccionaria”.

Lo mismo que en el pasado, los trotskistas, al amparo de frases sobre el “socialismo mundial” (algunos adeptos a la “IV Internacional” denominaron sus grupos “socialistas-internacionales” y publican una revista que se llama Socialismo internacional) desprecian la lucha cotidiana por las necesidades perentorias de los trabajadores, por las libertades políticas. En Francia, durante la segunda guerra mundial, muchos trotskistas se negaban a participar en la Resistencia, explicando que la lucha por la independencia nacional es inútil. Los trotskistas de la Francia de nuestros días proclaman: “Los proletarios no tienen patria, y su finalidad no es crearla, sino formar en el planeta una red de consejos obreros”. Partiendo de ello se niega la necesidad de partidos en ciertos países. Los trotskistas estiman que los intereses de la revolución mundial exigen que se forme un partido mundial. A su juicio, “la victoria de la revolución socialista a escala mundial —y la revolución sólo puede ser victoriosa si es mundial— es imposible sin la existencia de un Estado Mayor de la misma, de un partido mundial de la revolución proletaria”. Los irresponsables grupitos trotskistas, incapaces de unirse siquiera en un ámbito nacional, hacen vanos proyectos de “partido mundial único”.

Hagan los proyectos que quieran, pero, en la práctica, el cosmopolitismo trotskista, pese a sus temibles palabras contra la burguesía mundial, coincide, en realidad, con la ideología cosmopolita del capital monopolista internacional, que predica la indiferencia de los pueblos respecto de los destinos y los problemas sociales de su patria en aras de la creación del “Estado mundial”, del “Gobierno mundial”, de la “ciudadanía mundial” en beneficio de los gigantescos monopolios multinacionales.

Los predicadores seudorrevolucionarios del nihilismo nacional se atreven a hacer alusión al Manifiesto del Partido Comunista, silenciando, como es lógico, su auténtico contenido. Lenin escribía en 1908: “Es cierto que en el Manifiesto Comunista se dice que los “proletarios no tienen patria”. . . Mas de esto no se desprende que sea justa la afirmación. . . de que al proletariado le es indiferente en qué patria vive: en la Alemania monárquica, en la Francia republicana o en la Turquía despótica. La patria, es decir, el medio político, cultural y social dado, es el factor más poderoso en la lucha de clase del proletariado. . . El proletariado no puede permanecer indiferente e insensible ante las condiciones políticas, sociales y culturales de su lucha; por tanto, tampoco pueden serle indiferentes los destinos de su país” [12].

A los auténticos revolucionarios les es ajena la demanda anarquista y cosmopolita de “abolición de la patria”. Procuran que en el lugar de los Estados burgueses con su injusticia social y nacional se creen patrias socialistas. Hoy el socialismo es la más consecuente expresión del patriotismo. Y precisamente por eso la burguesía, que siente cada vez más la impotencia de sus argumentos contra el socialismo, trata de presentar como antipatriotas a los luchadores por el socialismo.

Cuanto más se vuelve cosmopolita la burguesía, cuanto mayor es el desenfado con que comercia en intereses nacionales, mas insolente es la manera con que presenta las fuerzas opuestas como antipatrióticas. La dictadura fascista de Chile, implantada a raíz de un golpe militar fraguado por los imperialistas, se ha puesto enteramente al servicio de los monopolios norteamericanos. Y esta dictadura antinacional se atreve a acusar de ausencia de patriotismo a los verdaderos patriotas que extermina. Idéntico escarnio practica la dictadura militar de Uruguay. En el Manifiesto de febrero de 1974, publicado por el Partido Comunista de Uruguay, sumido en la ilegalidad, se dice: “Nosotros, los comunistas, somos verdaderos patriotas. Lo somos porque representamos la fuerza política de la clase obrera, el núcleo indestructible del pueblo uruguayo. Y la patria es para nosotros, ante todo, el pueblo sencillo, que ha creado y sigue construyendo nuestro país. Lo somos porque queremos a nuestra tierra, a sus tradiciones de libertad y democracia, respetamos la justicia social y la herencia material y cultural del pueblo”.

Somos patriotas, además, porque, se dice en el Manifiesto, aspiramos a la total independencia de nuestra patria del yugo imperialista extranjero, porque somos antiimperialistas consecuentes hasta el fin. Los comunistas son internacionalistas precisamente porque son antiimperialistas consecuentes, y el imperialismo es una fuerza mundial. En las condiciones presentes se ve cada vez más claro que uno no puede ser auténtico patriota si se deslinda de la lucha revolucionaria que se libra en otros países.

Los acrecidos procesos integracionistas, con ayuda de los cuales los capitalistas quieren salir de la crisis y prolongar su existencia suscitan la necesidad de mayor unidad de los trabajadores de los distintos países en la lucha contra el capital. La Conferencia de los Partidos Comunistas y Obreros de los Países Capitalistas de Europa, celebrada en Bruselas en 1974, hizo constar que las compañías multinacionales, en las que el 75% del poder pertenece a los grupos financieros norteamericanos, ejercen una presión creciente en la vida económica de los países. Los gobiernos protegen la actividad de estas gigantescas firmas pulpos que atentan a la independencia económica e incluso política de los Estados. Los monopolios multinacionales procuran pasar por alto los derechos sindicales y las conquistas sociales de los trabajadores, empeoran las condiciones de vida de éstos, respaldan a las corrientes más reaccionarias, incluidas las fascistas. Al trasladar su capital en busca de ganancia máxima, estos monopolios privan de trabajo de un solo golpe a miles de trabajadores.

Frente a la crisis cada vez más profunda del capitalismo, a la inflación galopante, los peligrosos planes de activación de la OTAN y la carrera armamentista, la Conferencia exhortó al reforzamiento de las acciones conjuntas de los partidos comunistas para crear amplias uniones democráticas contra los enemigos de la distensión internacional, contra las compañías multinacionales y por “una réplica ofensiva que tenderá el camino de nuevas soluciones a tono con los intereses de los trabajadores y los pueblos de esta parte de Europa” [13].

En el presente, lo mismo que antes, la arena inmediata de lucha de la clase obrera y todos los trabajadores es su patria, pero crece cada vez más la significación de las acciones unidas a escala de toda la región y más amplia aún. Estas acciones conjuntas tendrán tanto más éxito cuanto más activa sea la lucha en cada país. La justificación de la pasividad propia con alusiones a la pasividad de los vecinos solo hace el juego del enemigo común.

Los comunistas están convencidos de que ni los procesos de integración ni los intereses comunes de clase pueden suprimir las contradicciones entre los Estados imperialistas. La adaptación del imperialismo a las nuevas condiciones no significa en absoluto la estabilización del capitalismo como sistema. Al propio tiempo, los comunistas sacan la conclusión de que la lucha aislada contra los consorcios y las agrupaciones capitalistas internacionales, como son la CEE o la OTAN no puede tener éxito.

Por cuanto el capitalismo, lo mismo que antes, está sujeto a la ley del desarrollo desigual, y las contradicciones entre los imperialistas no menguan, sino que adoptan nuevas formas, no ha perdido su validez la conclusión de Lenin acerca del inevitable surgimiento de eslabones más débiles en el sistema del imperialismo mundial y de la posibilidad de ruptura revolucionaria precisamente en tales eslabones. Y los procesos integracionistas que se operan en el mundo del capitalismo pueden conducir a que el desgajamiento de un eslabón débil del sistema del imperialismo dé lugar a una reacción en cadena, más rápida que al no haber integración, en otros países, tanto revolucionaria como, por cierto, contrarrevolucionaria.

La creciente relación entre la lucha dentro de los límites nacionales y la internacional predetermina la elevación simultánea de la responsabilidad nacional e internacional de las vanguardias revolucionarias. En el Documento final de la Conferencia de los Partidos Comunistas y Obreros de 1969 se dice: “Cada partido comunista responde de su actividad ante la clase obrera y el pueblo de su país y, a la vez, ante la clase obrera internacional. La responsabilidad nacional e internacional de cada partido comunista son inseparables” [14]. Los cambios producidos en el mundo después de la Conferencia subrayan todavía más esa conclusión.

En la nueva situación adquieren una significación creciente como criterio de auténtico internacionalismo la actitud hacia el socialismo existente en realidad y, ante todo, hacia la Unión Soviética, la fuerza más poderosa que se opone al imperialismo. “Desde luego, ninguna lucha de clase o de liberación puede avanzar sin apoyarse, en primer término, en sus propias fuerzas — escribía Political Affairs, revista del Partido Comunista de EE.UU. (octubre de 1974). Pero, a la vez, hay que reconocer que los éxitos en la lucha contra el imperialismo guardan por doquier estrecha relación con el papel del campo socialista, encabezado por la Unión Soviética, lo que acelera la lucha contra los monopolios internacionales en los países imperialistas y los que luchan para liberarse del imperialismo.”

La burguesía imperialista se vale hoy del antisovietismo no sólo como medio de lucha contra el mundo socialista, sino también para dividir todas las fuerzas progresistas en sus propios países, para apartarlas del aliado más consecuente, que presta ayuda moral, política, económica y, si hace falta, militar a los movimientos de liberación. Por algo gozan de tan activo respaldo de la reacción todas las corrientes revisionistas de derecha, los izquierdistas y, sobre todo, el trotskismo, que calumnia constantemente a la URSS y otros países socialistas, acusándolos de ‘‘limitación nacional”, “encerramiento nacional” y “traición a la revolución mundial”. Los imperialistas saben mejor que nadie que la URSS y todos los demás países de la comunidad socialista ayudan a la lucha de las masas populares de los países capitalistas tanto con su ejemplo como con su política exterior de paz y con su conducta activa en la palestra internacional. La significación de la fuerza del ejemplo del socialismo asusta cada vez más a la burguesía, puesto que, en las condiciones presentes, este ejemplo no es una simple prueba de la superioridad del nuevo régimen, sino la encarnación viva de lo que se va volviendo más y más imperioso para la solución de los problemas cada vez más acuciantes que ahogan al capitalismo.

El lugar que ocupa el socialismo existente en el proceso revolucionario mundial muestra que en las condiciones presentes, además de ser imposible el internacionalismo antisoviético, no se puede ser patriota consecuente si uno se vuelve de espaldas a la Unión Soviética y los demás países socialistas.

Partidos de la acción, las vanguardias comunistas estiman que el patriotismo y el internacionalismo no son cosas que sólo se proclaman. La unidad entre el patriotismo y el internacionalismo constituye la base de la lucha diaria que sostienen los partidos comunistas. Parten de ellos al apreciar unos u otros acontecimientos o fuerzas de clase. Esta unidad determina también sus relaciones mutuas.



Notas

[1] Problems of Comunism, 1970, N° 1, p. 6.

[2] V. I. Lenin, ¿Qué hacer?, O.C., t. 6, pág. 24.

[3] V. I. Lenin y la Internacional Comunista, ed. en ruso, pág. 134.

[4] Party Life, 7.V.1974, p. 13.

[5] Ibídem, p. 15.

[6] V. I. Lenin, La corrupción de los obreros por el nacionalismo sutil, O.C., t. 25, pág. 144.

[7] El maoísmo es un enemigo ideológico y político del marxismo-leninismo, ed. en ruso, pág. 31.

[8] Party Life, 1973, N° 2, p. 13.

[9] Gus Hall, lmperialism Today. An Evaluation of Major Issues and Events of our Time, New York, 1972, p. 294.

[10] Lucha obrera, 1.IX.1972, pág. 4.

[11] Red Flag, 4.III.1972, p. 3.

[12] V. I. Lenin, El militarismo belicoso y la táctica antimilitarista de la socialdemocracia, O.C., t. 17, pág. 190.

[13] Cahiers du comunisme, Mars 1974, p. 141.

[14] Conferencia Internacional de los Partidos Comunistas y Obreros. Documentos, Moscú, 1969, ed. en ruso, págs. 326-327.



Fuente: Basmanov, M. I. y Leybzon, V. I., Vanguardia revolucionaria. Problemas de la lucha ideológica, Editorial Progreso, Moscú, 1978, pp. 276-289.



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