Pavel Vasiliévich Kopnin
(1922-1971)
En
los últimos años, se ha discutido en publicaciones la cuestión de
la definición filosófica de materia. Algunos autores intentan dar
fundamento a la insuficiencia de la definición de materia existente,
dada por V. I. Lenin en el libro “Materialismo y
empiriocriticismo”, y construyen otra nueva, la cual supuestamente
va más allá. ¿Cuáles son los argumentos para esto?
Junto
con los argumentos ya esgrimidos por los majistas de que en el
marxismo la definición de materia se da al oponerla a la conciencia,
se presentan otros argumentos que supuestamente justifican la
necesidad, si no de reemplazar la definición leninista de materia,
al menos de complementarla. Ya en 1955, la revista polaca “Myśl
Filozoficzne” (n.° 2(16)) expuso el punto de vista según el cual
la definición dada por V. I. Lenin es insuficiente para combatir
diferentes variantes del idealismo objetivo, en particular, el
tomismo y neotomismo, que reconocen la existencia de una fuente objetiva
de las sensaciones. La filósofa polaca Elena Eiliptein [1]
afirma que en el marxismo aún no existe una definición
satisfactoria de materia, que tendría un carácter ontológico, es
decir, expresaría las propiedades generales de todos los cuerpos
materiales, cuyo conocimiento la filosofía lo toma de la física.
Por la senda de alcanzar una definición tal, se encuentra la
revelación de la relación de la materia con el movimiento, el
espacio, el tiempo, es decir, la definición de materia como algo
extendido que se desarrolla naturalmente en el tiempo.
En
la literatura soviética también se pueden encontrar intentos de
incluir algunas características ontológicas en la definición
leninista de materia y, por lo tanto, de ampliarla. Por ejemplo, V.
P. Tugarinov distingue dos aspectos en el concepto de materia: el
ontológico y el gnoseológico. El primero supone que la materia
aparece como una definición interna de la naturaleza, de su esencia,
“que actúa como un conjunto de cuerpos, sustancias, etc.” [2],
que une lo realmente común que “existe en todas las cosas,
objetos” [3],
aparece como substancia, como “portador de movimiento y cambio”
[4]. Todos estos
momentos, que caracterizan la materia desde el punto de vista
ontológico, quedan fuera del problema fundamental de la filosofía.
Algunos
filósofos soviéticos también intentaron complementar y ampliar la
definición de materia de Lenin con momentos ontológicos. Así, A.
N. Petrusenko considera necesario incluir una característica más en
la definición de materia: la materia es capaz de producir una
acción. En su opinión, esto hará que el concepto filosófico de
materia sea más viable en la física moderna.
Detengámonos
en estos argumentos con más detalle. Tratemos de responder las
siguientes preguntas: 1) ¿la definición leninista necesita algún
tipo de adición ontológica?, 2) ¿dichas adiciones significan un
avance real del pensamiento filosófico en la doctrina sobre la
materia? y 3) ¿qué lugar ocupa la definición de materia en el
sistema de conocimiento filosófico sobre ella?
Habitualmente se
considera la definición leninista de materia (“la materia es una
categoría filosófica que sirve para designar la realidad objetiva,
que es dada al hombre en sus sensaciones, que es copiada,
fotografiada, reflejada por nuestras sensaciones, existiendo
independientemente de ellas” [5]) como una definición
gnoseológica. Además, por ello se entiende que caracteriza el
concepto de materia sólo como un peldaño en el proceso de nuestro
conocimiento y no dice nada sobre la materia en sí misma como tal.
Sobre esta base, surge en algunos autores el afán por complementar
dicho concepto con elementos ontológicos. La definición leninista
se presenta como gnoseológica y, por ello, se intenta construir una
definición ontológica paralela.
Pero,
en realidad, la definición de materia dada por Lenin tiene un amplio
sentido filosófico (ni siquiera supone una unidad de los aspectos
gnoseológicos y ontológicos, como algunos imaginan), cancelando la
división de la filosofía en ontología y gnoseología. Por lo
demás, los conceptos de ontología y gnoseología en su oposición
son inaplicables para la filosofía marxista y su concepto de
materia. El intento de construir algún tipo de definición
concretamente ontológica de materia, correspondiente a la filosofía
científica moderna, y de oponerla a otra definición (una
gnoseológica) es estéril desde la misma base. En el marxismo sólo
puede haber un concepto de materia, el cual tiene un contenido
objetivo y que, en consecuencia, actúa como un peldaño en el
conocimiento de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano.
El contenido objetivo del concepto de materia se revela mediante la
solución del problema fundamental de la filosofía y es imposible
establecerlo de otra forma. El rasgo más importante de la materia
(ser una realidad objetiva, existir independientemente de la
conciencia humana, ser la fuente de nuestras sensaciones) caracteriza
a la materia desde el lado de su ser y al mismo tiempo del
conocimiento. Ningún otro contenido ontológico o más precisamente
objetivo [6] puede incluirse en el concepto de materia.
La
complementación y ampliación del concepto de materia en el llamado
plan ontológico puede ir en dos direcciones. Por un lado, es posible
introducir ciertas características físicas, datos de la física
moderna sobre la estructura, propiedades y formas de materia. Pero
aquí surgen dos preguntas: 1) ¿por qué sólo los datos de la
física? y 2) ¿supone esto un avance del pensamiento filosófico en
la definición de materia? Por supuesto que la física tiene un lugar
importante en el estudio de la estructura y propiedades de la materia
pero la materia, sus formas específicas y estructura son estudiadas
por otras ciencias naturales y no sólo naturales. Las diferentes
ciencias realizan su contribución al estudio de la materia, que se
caracteriza por una variedad de propiedades y manifestaciones. Por
ello, si introducimos en el concepto de materia sus características
concretas entonces serán no solo físicas sino también químicas,
biológicas, cibernéticas e incluso sociológicas.
¿Y
en ese caso qué se obtiene? En lugar del concepto filosófico de
materia, tendremos datos resumidos de varias ciencias sobre la
estructura, propiedades y formas de materia. La filosofía y su
concepto de materia se disolverán en los datos de las ciencias
concretas. El desarrollo del concepto filosófico de materia en los
últimos cien años fue exactamente en la dirección opuesta: la
filosofía separó su concepto de materia de la doctrina de las
ciencias naturales sobre la estructura y variedades de la materia para,
por un lado, dar espacio a las ciencias naturales, para no
vincularlas con construcciones especulativas de filosofía de la
naturaleza, y, por otro lado, para definir la premisa inicial de la
cosmovisión científica materialista con un concepto filosófico
riguroso e inequívoco de materia, para dar a las ciencias naturales
mismas una dirección científica en la doctrina de la materia que
corta con las especulaciones idealistas y de la filosofía de la
naturaleza. Y esto fue bien demostrado por V. I. Lenin hace más de
50 años, cuando escribió: “Si se quiere plantear la cuestión desde
el único punto de vista justo, es decir, desde el punto de vista
materialista dialéctico, hay que preguntarse: los electrones, el
éter, etcétera, ¿existen fuera de la conciencia humana,
como una realidad objetiva, o no? A esta pregunta los naturalistas,
también sin vacilaciones, deberán contestar y contestan siempre sí,
de la misma manera que admiten sin vacilaciones la existencia de la
naturaleza anteriormente al hombre y a la materia orgánica. La
cuestión queda así resuelta a favor del materialismo... Pero el
materialismo dialéctico insiste sobre el carácter aproximado,
relativo, de toda tesis científica acerca de la estructura de la
materia y de sus propiedades; insiste sobre la ausencia de líneas
absolutas de demarcación en la naturaleza, sobre la transformación
de la materia en movimiento de un estado en otro...” [7]
El
desarrollo constante de la ciencia, en particular de la física, la
aparición de sus nuevas ramas, como la física de partículas
elementales y campos, confirmó por completo la validez de la
posición leninista de la separación del concepto filosófico de
materia y los datos de las ciencias naturales sobre su estructura y
formas. El planteamiento leninista de la cuestión impide toda clase
de sueños y especulaciones de la filosofía de la naturaleza: la
doctrina de la materia se traduce en una concepción puramente
científica ya sea filosófica, asociada con una solución
materialista al problema fundamental, o de ciencias naturales,
desarrollándose a lo largo del camino del descubrimiento de nuevas
propiedades y formas de la materia.
Esta
formulación excluye el surgimiento de una situación en la que los
datos más recientes de las ciencias naturales, en particular de la
física, entrasen en conflicto con la dialéctica materialista. Una
situación de ese tipo tuvo lugar en la historia de la filosofía y
la ciencia cuando el concepto de materia no se asoció con una
solución materialista al problema fundamental de la filosofía sino
con conceptos específicos de las ciencias naturales (este fue el
caso del materialismo metafísico). “La admisión de elementos
inmutables cualesquiera, de la "inmutable esencia de las cosas",
etc., no es materialismo: es un materialismo metafísico, es
decir, antidialéctico.” [8]
Por
este camino están impulsando nuestra filosofía los partidarios de
la ampliación y complementación de la definición leninista de
materia, por el camino de reconocer algunos elementos inmutables, “la
esencia inmutable de las cosas”, a cuenta de la inclusión de
momentos ontológicos. Esto sólo puede conducir a la metafísica y
de este modo, ciertamente, el concepto filosófico de materia puede
entrar en conflicto con los datos de las ciencias naturales.
Así,
los intentos de complementar y ampliar la definición leninista de
materia incluyendo en ella los denominados momentos ontológicos
conducen a la metafísica, a construcciones especulativas del tipo de
la filosofía de la naturaleza, ocultando la posibilidad de empujar
tarde o temprano a la filosofía hacia un conflicto con las ciencias
naturales, o hacia la confusión del concepto filosófico de materia
con los datos de las ciencias naturales sobre la estructura de la
materia, sus propiedades y formas. De cualquier forma esto significa
un paso hacia atrás en filosofía, su retroceso hacia el
materialismo metafísico e incluso más allá, a las posiciones
inmaduras, en ciencias naturales y en filosofía, de las
representaciones de la materia de los antiguos (de Heráclito,
Demócrito y Aristóteles).
Por
otro lado, algunos partidarios de la ampliación del concepto
filosófico de materia proponen no asociar la materia con ninguna
teoría específica de las ciencias naturales sobre su estructura y
propiedades sino incluir en este concepto características
filosóficas en lugar de físicas, tales como la conexión de la
materia con el movimiento, el espacio, el tiempo, etc. ¿Cómo se
deben de tomar estas propuestas?
Aquí,
en primer lugar, es necesario comprender la esencia, el significado y
el lugar de las definiciones en ciencia en general y en las
categorías filosóficas en particular.
Como
es sabido, la definición de conceptos es importante en ciencia pero
tiene una importancia limitada. Las definiciones son necesarias como
una expresión resumida de la esencia de tal o cual fenómeno. F.
Engels escribió sobre la definición de vida: “Nuestra definición
de la vida es, naturalmente, muy insuficiente, pues lejos de incluir
todas las manifestaciones de la vida tiene que limitarse a las más
generales y sencillas. Todas las definiciones son de escaso valor
científico. Para saber de un modo verdaderamente completo qué es la
vida, tendríamos que recorrer todas sus formas de manifestación,
desde la más baja hasta la más alta. Pero, desde un punto de vista
operativo, esas definiciones son muy cómodas y a veces
imprescindibles; tampoco pueden perjudicar mientras no se olviden sus
inevitables deficiencias.” [9]
Ninguna
definición de materia puede reemplazar todo el sistema de
conocimientos sobre ella, es imposible incluir en el concepto y su
comprensión todos los rasgos de un objeto, incluso los esenciales.
V. I. Lenin en su obra “La cuestión agraria y los críticos de
Marx” condenó duramente al sociólogo Hertz, el cual llevó a cabo
un intento absurdo “de incluir en un concepto general todos los
rasgos particulares de los fenómenos individuales...” [10]
La
definición leninista de materia es el punto de partida en la
doctrina sobre la materia tanto para las ciencias naturales como para
la filosofía. Uno no puede detenerse en ella y convertirla en el
resultado final. Las ciencias naturales, a partir de sí mismas,
exteriorizan diversas formas y tipos de materia en movimiento, así
como la variedad de sus propiedades y manifestaciones. El
materialismo dialéctico, con base en dicha definición, despliega
todo un sistema de categorías suyas en el que se profundiza,
complementa y desarrolla el concepto de materia (dado en la
definición inicial). En definitiva, todo el sistema de categorías
del materialismo dialéctico constituye una doctrina sobre la materia
en su relación con la conciencia.
El
movimiento de la definición inicial y de partida de materia hacia
otras categorías (tales como movimiento, espacio, tiempo, relación,
interacción, causa y efecto, reflejo, desarrollo, contradicciones,
etc.) es un ejemplo típico del ascenso de lo abstracto a lo concreto
en el pensamiento.
La
formación del concepto filosófico de materia y su definición ponen
fin a una determinada fase en la doctrina filosófica de la materia
al haber liberado el concepto de materia de su conexión con ciertas
formas sensibles concretas de la misma. La materia pasó a ser una
abstracción. “La materia en cuanto tal ─escribió F. Engels─
es una pura creación del pensamiento, una abstracción. Cuando
resumimos las cosas, como dotadas de existencia corpórea, bajo el
nombre de materia, prescindimos de las diferencias cualitativas entre
ellas. La materia como tal, a diferencia de las materias
determinadas, existentes, no es, pues, algo dotado de existencia
sensible.” [11] Pero la filosofía no puede detenerse en
esta abstracción: hace de esta su punto de partida, una célula para
el ascenso de lo abstracto a lo concreto en el pensamiento, la
enriquece y desarrolla con nuevas categorías tales como el
movimiento, el espacio, el tiempo, la causalidad, la relación, etc.
Estas categorías son una prolongación de la abstracción primordial
de la materia y su desarrollo.
En
consecuencia, la doctrina del materialismo dialéctico sobre la
materia no se limita a su definición primordial sino que se trata de
un sistema de categorías completo y que se despliega sucesivamente.
Con la propuesta de incluir en la definición de materia momentos
tales como su movimiento en el espacio y el tiempo, etc.,
reemplazaríamos todo el sistema del materialismo dialéctico con una
definición y transformaríamos la definición en una doctrina
exhaustiva de la materia, lo cual es contrario al espíritu de la
ciencia, a sus tareas y la finalidad de las definiciones en ella.
La
clarificación del lugar del concepto filosófico de materia en el
sistema del materialismo dialéctico y en el conocimiento científico
moderno en general también es importante para la correcta
comprensión de la esencia de la unión de la filosofía marxista con
las ciencias naturales y de las formas del posterior fortalecimiento
de dicha unión.
Superando
los errores cometidos anteriormente, es necesario ahora determinar
con precisión el lugar tanto del filósofo como del científico de
ciencias naturales en el desarrollo ulterior de la unión del
materialismo dialéctico con las ciencias naturales modernas.
Desde
la tribuna de nuestra conferencia resonaron clamores y quejas.
Algunos filósofos, confundidos en el concepto filosófico de
materia, pidieron ayuda a los físicos. Los físicos ya se han
lamentado de que a menudo los filósofos llegan en su ayuda cuando
ellos ya se orientaron en las complejas cuestiones filosóficas de su
ciencia.
Sin
duda la física y sus datos pueden ayudar a la filosofía a resolver
los problemas a los que se enfrenta del mismo modo que, a la inversa,
la filosofía marxista-leninista sirve como instrumento de
conocimiento en todos los campos de la ciencia, incluida la física.
Pero al mismo tiempo hay que tener siempre presente un hecho: la
física no está llamada a resolver las tareas de la filosofía y la
filosofía no está llamada a resolver los problemas de la física.
Cuando
V. I. Lenin analizó la esencia de la revolución en la física y la
crisis que surgió a partir de ella no se propuso resolver ningún
problema de física relativo a la teoría de la física sobre la
estructura y propiedades de la materia. Escribió: “De suyo se
comprende que, al examinar la cuestión de las relaciones de una
escuela de los novísimos físicos con el renacimiento del idealismo
filosófico, estamos lejos de la idea de tocar las doctrinas
especiales de la física. Nos interesan exclusivamente las
conclusiones gnoseológicas sacadas de ciertas tesis determinadas y
de descubrimientos generalmente conocidos.” [12]
Al
analizar los datos de la física, V. I. Lenin desarrolló aún más
la filosofía, en particular, planteó la cuestión de la necesidad
de distinguir clara y rigurosamente entre el concepto filosófico de
materia y los datos de las ciencias naturales sobre sus propiedades,
estructura y formas. Lenin no se ocupó de la solución de problemas
concretos de la física aunque su trabajo tuvo gran importancia para
el desarrollo posterior de la física. Este es un modelo y ejemplo de
una genuina unión de la filosofía del materialismo dialéctico con
las ciencias naturales.
Para
que los datos de la física ayuden al filósofo este debe ser capaz
de plantear y resolver problemas filosóficos, debe comprender el
objeto y las tareas de la filosofía como ciencia. Y viceversa, sólo
entonces el materialismo dialéctico interviene para la física como
una herramienta en la resolución de problemas de física, cuando
tiene conocimientos concretos para su solución. Presentar el asunto
de tal manera que la física pueda reemplazar a la filosofía y
resolver los problemas filosóficos ella misma, así como que a
partir del mero conocimiento del materialismo dialéctico sea posible
resolver todas las dificultades que surgen en la física, es
distorsionar el verdadero contenido y significado de la unión del
materialismo dialéctico con las ciencias naturales modernas.
¿Por
qué he de plantear que resuelvo los problemas filosóficos de la
física moderna? ¿Qué propósito, en particular, puede perseguir
una conferencia sobre cuestiones filosóficas de la física de
partículas elementales y campos? Por supuesto, uno no debería
pensar que el ocuparse de los problemas filosóficos de la física
libera a los físicos de resolver problemas físicos y a los
filósofos de los filosóficos. De ser así, sería correcto entonces
creer que los problemas filosóficos de la física son un refugio
conveniente para aquellos físicos que ya no pueden trabajar en áreas
específicas de la física, así como para aquellos filósofos que ya
no pueden trabajar en realidad de manera provechosa en filosofía.
Pero esto no es así. Hay que considerar que los físicos toman parte
activa en la discusión de problemas filosóficos de la física de
partículas elementales y campos persiguiendo sus objetivos
concretos, esto es, la creación de una teoría de partículas
elementales y campos que aún no ha sido formulada de modo
definitivo. Muchas dificultades en su desarrollo están asociadas con
la solución de problemas filosóficos y, por ello, para crear una
teoría de partículas elementales y campos es necesario analizar
algunos de los problemas filosóficos que surgen en relación con los
nuevos descubrimientos en la esfera de las partículas elementales.
No es un amor abstracto por la filosofía lo que lleva a los físicos
a involucrarse en los problemas filosóficos de su ciencia (de forma
subjetiva a veces se oponen a la filosofía) sino que la dura
necesidad y el propio desarrollo de la física en las condiciones
modernas obligan a plantear problemas gnoseológicos, cuya falta de
solución imposibilita el avance en su ciencia.
Los
representantes de la ciencia filosófica no vinieron a la
conferencia, por supuesto, para resolver la tarea para los físicos y
presentar su teoría de partículas elementales y campos. No, los
filósofos no deberían construir tales fantasías. Analizan los
problemas filosóficos de la física para los fines de su ciencia, la
generalización de los datos más recientes de la física de
partículas elementales y campos sirve como fuente de desarrollo y
concretización de categorías filosóficas.
De
este modo, la unión del materialismo dialéctico y las ciencias
naturales modernas presupone que cada una de las partes tiene su
propio objeto y sus propias tareas, así como desempeña una
determinada función en el desarrollo del conocimiento. Tienen un
campo común que son los problemas filosóficos de un esfera
particular del conocimiento científico y, al entrar en él, cada una
de las partes persigue sus propios fines: para una es el desarrollo
de la filosofía y para la otra es el movimiento en el ámbito de las
disciplinas concretas científicas. Sin embargo, resolviendo cada una
de las partes su tarea ayudará a su aliado. Las ciencias naturales
empujan a la filosofía a resolver ciertos problemas, los datos de
las ciencias naturales sirven como material efectivo necesario para
nuevas conclusiones filosóficas. Por otro lado, el método
dialéctico materialista, en continua mejora, guía al conocimiento
de las ciencias naturales hacia el logro de nuevos resultados, el
descubrimiento de nuevos hechos y leyes de la naturaleza. En la lucha
contra el enemigo común (la cosmovisión burguesa) las ciencias
naturales se apoyan en su aliado, en la filosofía del materialismo
dialéctico, en sus leyes y categorías, así como la misma filosofía
utiliza los hechos y leyes de las ciencias naturales para refutar
concepciones idealistas. Por ejemplo, V. I. Lenin en su libro
“Materialismo y empiriocriticismo” hace referencia de forma
constante a los datos de diversas ciencias naturales (de la física,
la biología y la fisiología) para refutar concepciones majistas
como la coordinación de principio, la teoría de elementos del
mundo, etc.
Naturalmente,
son posibles los errores individuales tanto por parte de los
filósofos en la evaluación de algunos hechos y leyes de las
ciencias naturales como por parte de los representantes de las
ciencias naturales en el entendimiento de algunas construcciones
filosóficas de moda. Nadie tiene garantizado el no cometer errores
en su propia ciencia y no únicamente las contiguas. Lo principal
para fortalecer la unión de la filosofía y las ciencias naturales
es no inflar estos errores, no involucrarse en acusaciones mutuas
sino trabajar persistentemente en el frente común de la ciencia,
analizar problemas filosóficos complejos de las ciencias concretas
para el desarrollo tanto de la filosofía como de las ciencias
naturales y, en última instancia, en beneficio del desarrollo de la
sociedad por la vía del comunismo.
Notas
[1]
Véase: Studia Filozoficzne, 1958, N.º 6(9), pp. 121—151;
1959, N.º 1(10), pp. 100—123.
[2]
V. P. Tugarinov, Correlación de las categorías del materialismo
dialéctico, L., 1956, p. 48.
[3]
Ibídem.
[4]
Ibíd.,
p. 49.
[5]
V. I. Lenin, Obras completas, t.8, p. 131.
[6]
La ontología puede ser de otro tipo, no necesariamente materialista.
El mismo ser puede interpretarse tanto de manera materialista como
idealista. Fuera del problema fundamental de la filosofía, el
concepto de ser es indefinido, en él cosas diferentes “están
reunidas, y la afirmación común de que todas ellas son...” (K.
Marx y F. Engels, Obras, t. 20, p. 42). Además, “el ser es
una cuestión abierta a partir del límite en el que se interrumpe
nuestro horizonte” (ibíd., p. 43). El ser no es sólo
existencia sino existencia exterior e independiente de la conciencia.
La existencia en la conciencia también es existencia pero para el
materialismo no es ser. El concepto de materia como realidad objetiva
que existe fuera de la conciencia es más preciso, concreto y
significativo que el concepto de ser. El término “ontológico”
es indefinido, no dice de qué tipo de ser estamos hablando: de la
existencia en la conciencia o fuera e independiente de ella.
[7]
V. I. Lenin, Obras completas, t. 18, p. 276.
[8]
Ibídem., pp. 275-276.
[9]
K. Marx y F. Engels, Obras, t. 20, p. 84.
[10]
V. I. Lenin, Obras completas, t. 5, p. 142.
[11]
K. Marx y F. Engels, Obras, t. 20, p. 570.
[12]
V. I. Lenin, Obras completas, t. 18, p. 266.
Fuente:
P. V. Kopnin, Dialéctica, lógica y ciencia, Nauka, Moscú,
1973, pp. 347-355. [Копнин, П.В., Диалектика,
логика, наука, М.: Наука, 1973, стр. 347-355.]
Descargar “En defensa de la definición filosófica leninista de materia” (1973) de P. V. Kopnin.